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31.01.09 -

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Ha comenzado en estos días la campaña propagandística que pretende AVALL (Asociación Valenciana d'Ateus y Lliurepensadors), encaminada a propagar el ateísmo. El título dice: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida". Verdaderamente quienes así piensan hacen bien en ser ateos, ya que para ellos Dios es una preocupación, una amenaza. Se han quedado con el mensaje de la moralidad, o moralina; ven sólo los símbolos o la liturgia de cualquier religión sin entenderla.

El mensaje del cristianismo es muy sencillo: "Vine a liberar al mundo de la esclavitud", es decir de la opresión, del miedo y de las falsas creencias. Es una observación fenomenológica que el hombre cree en algún Dios o en algo. Son muchos los no creyentes que temen al 13, al gato negro, que hacen güijas o encienden cirios a no sé qué espíritus, comulgan con ruedas de molino...

Según cuenta Tácito, "cuando volvió a aparecer el ave fénix, no se parecía ni por su plumaje y forma a ninguna otra, era multisecular, cuando se disponía a morir comunica a su nido la fecundidad y nacía un sucesor". Si bien esto es mitológico, lo cierto es que el ave fénix se aparece a los hombres de tarde en tarde, como necesidad de inmortalidad cuando la sociedad no tiene unas raíces con suficiente entidad ética.

Dios es amor, tal como enseñó Jesucristo, y es tan sencillo como observar el fenómeno dentro de nosotros. La expresión temor de Dios, venida del Antiguo Testamento, cobra una dimensión nueva con la liberación que Jesús nos hace en el Nuevo Testamento: el temor de Dios es presencia de Dios, de amor, y eso nos da seguridad y libertad. Tan superficial es creer en Dios para salvarse como no creer para liberarse. La creencia en Dios hecho hombre es la creencia en una liberación constante, nos hace libres, como cuando un padre les dice a su hijos cómo actuar, pero ellos pueden hacer lo que quieran libremente. Pero, si de veras creen en él, nunca le temerán.

Dios es amor y este amor lo invade todo, nuestras relaciones personales, nuestra sexualidad y, en definitiva, todo lo noble que hay en cada uno. Nos libera de los miedos existenciales que tiene el hombre y nos proyecta al más allá pero nunca bajo la amenaza de castigo, sino con el perdón. El problema es que a creyentes y no creyentes les encanta quedarse en el Antiguo Testamento, con un Dios distante y castigador, otros se quedan con el Dios del ojo y el triangulito. No hay más ciego que el que no quiere ver.
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