Comunidad Valenciana
Y ese es el duro trance, la experiencia más horripilante, por el que pasó una mujer de 27 años en la noche del sábado al domingo, sorprendida por la riada en un barranco de la carretera que une Càlig con Peñíscola, en Castellón.
La joven viajaba en su coche con sus tres hijos, de ocho y seis años y de siete meses de edad. Al cruzar el barranco de Tosses de Pandols el agua penetró en el vehículo. Se paró y cuando le llegaba a los tobillos decidió salir por la ventanilla. El barranco había crecido bastante pero aún no había llegado la riada.
Asió a su bebé en la sillita de viaje y a los otros dos niños. "En dos minutos saqué a mis hijos del coche y los puse delante de mí. El suelo que estaba seco y asfaltado", declaró ayer a C 9, tras recibir, junto a sus hijos supervivientes, el alta médica por hipotermia del hospital de Vinaròs.
Avanzaron unos metros. Ya no llegaba el agua. Estaban a salvo.
Pero la naturaleza la traicionó. Les sobrevino una avenida de agua y la joven no tenía suficientes manos para asir a sus tres hijos y una fuerza, como surgida de la nada, les arrastró por el cauce.
"Enseguida bajó toda la riada y vi que la cabeza del bebé no salía del agua. No me quedó más remedio que dejar ir la sillita porque yo me hundía y mis otros hijos también. Si no, nos íbamos a ahogar los tres", relató con el corazón en un puño. Fue una decisión tomada en décimas de segundo. Su instinto de supervivencia le dictó que optase por salvar a la mayor parte de su prole.
La joven aseguró que en esos momentos de desesperación halló un instante, una décima de segundo, para decirle adiós a ese niño que ya no cumplirá el año: "Me despedí de mi bebé. Le dije que me sabía muy mal pero que lo tenía que dejar ir. El agua nos llevó más trozo, me hundía".
Tras soltar al bebé, que seguía en la sillita, centró su esfuerzo titánico en salvar a sus otros dos hijos.
Uno de los niños logró aferrarse con fuerza a un árbol. "Le decía a mi otro hijo que se quedara a salvo en un árbol y no saltara al agua, pero me decía que se caía", siguió relatando entre sollozos.
El agua terminó por dispersarlos a todos pero los gritos alertaron a la población cercana. La Guardia Civil fue en su auxilio. "Me dijo que mi hijo estaba bien pero les dije que faltaba otro. Luego me dijeron que también estaba a salvo. Llegó la ambulancia y me desplomé". El cadáver del bebé apareció 900 metros aguas abajo.
Càlig vivió ayer un día de luto oficial. La familia quiere intimidad para enterrar al bebé.







