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Cinco años sin polideportivo en Nou Moles

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La zona de obras, rodeada por una valla que impide el paso seguro de los viandantes. :: jesús montañana

  • Los vecinos del barrio saldrán en manifestación por la paralización de las obras

  • La inversión pública de 13 millones de euros debe servir para una de las mejores instalaciones de Valencia, aunque no hay plazos para su apertura

Corría el 1 de marzo de 2011 cuando Rita Barberá y Trinidad Miró, alcaldesa de Valencia y consellera de Cultura por aquel entonces, metieron en un agujero una gran urna de metacrilato repleta de recuerdos en el acto de la primera piedra del polideportivo de Nou Moles, que debía estar listo para inaugurar en sólo 18 meses.

De aquel acto las dos personas citadas ya no ocupan cargo de responsabilidad en Valencia, mientras que cinco años después la obra sigue siendo una estructura de hormigón de donde emergen pilares a modo de burla para los viandantes que bordean con peligro la valla por la calle Burgos. Eso sí, los vecinos que asistieron a aquel acto protocolario siguen en el barrio, a la espera de disfrutar de la instalación deportiva.

Ese es el motivo de que el próximo 1 de marzo, a las siete de la tarde y desde la plaza Roma, la asociación de vecinos haya convocado una nueva marcha de protesta, que acabará cortando unos minutos el tráfico de la avenida del Cid.

Casilda Osa, presidenta vecinal, comentó que la construcción del pabellón está paralizada desde el pasado julio. La inversión de 13 millones de euros es la mayor del Plan Confianza en Valencia, por lo que la Generalitat decidió asumir la gestión directa de las obras.

«Lo último que sabemos es que quieren suspender el contrato y rehacer el proyecto», aseguró Osa. El pabellón que debe sustituir al antiguo Marcol incluye una piscina cubierta con gradas y apta para la práctica del waterpolo, así como una cancha de baloncesto y otras salas de usos múltiples en el inmueble.

La concejal de Deportes, Maite Girau, se mostró convencida de que la Generalitat intenta retomar las obras sin alterar el proyecto. «Se formó una comisión de trabajo y no hay un cambio significativo, se deben resolver una serie de cosas», dijo en referencia al presupuesto.

La gestión del polideportivo corresponderá al Consistorio, de manera directa o en concurso a una empresa, aunque no hay fecha para esto. Los cinco años transcurridos han servido para excavar dos plantas de sótano, construir la estructura de hormigón en el perímetro e iniciar el arranque de los pilares.

La secretaria de la entidad vecinal, Carmen Aubary, dijo sobre esto la preocupación que tienen los residentes sobre la degradación de los anclajes metálicos, a la intemperie y que «pierden fuerza».

Pero donde puso más el acento fue en la inseguridad de los viandantes que bordean la zona de obras, dado que «la valla se puso hace cinco años sobre la acera y la calzada», en todo el perímetro. Esto hizo que los peatones deban andar por la parte destinada a los vehículos. «El problema es que la gente se acuerda de que en ese lado se podía estacionar, con lo que al final lo han terminado haciendo. Para ir andando, debe ir literalmente por el centro de la calle, con el riesgo de atropellos».

Según la información que manejan los vecinos, el motivo de la discrepancia es el coste del andamiaje que debe soportar la cubierta durante la última fase de la construcción del polideportivo. «La Conselleria no está dispuesta a pagar esto fuera del presupuesto de adjudicación», comentó Aubary.

«En esta historia nos creemos más lo que dice la empresa», indicó la secretaria de la asociación. Osa, por su parte, criticó la falta de voluntad del Ayuntamiento para hacer frente al bloqueo y ayudar a que se reanuden las obras del polideportivo.

«Hace unos días, en el acto de aniversario de la Universidad Popular, le dije al alcalde Joan Ribó nuestra intención de salir en manifestación», destacó. La ejecución de la cubierta parece estar en el ojo del huracán, aunque «la empresa ha presentado una alternativa para hacerlo de otra manera, pero sigue parado».

Hasta que se resuelva ese asunto, la previsión de los vecinos es «muy mala, no está nada claro cuando se retomarán las obras». Casi con seguridad, la inversión pública de 13 millones de euros fue demasiado ambiciosa para un polideportivo de barrio, aunque Girau reiteró que no hay voluntad de cambiar el proyecto, lo que garantiza la viabilidad del concurso y la adjudicación.

Desde el pasado verano, en la zona apenas se ven trabajadores. «Cuando se llevaron el material y las herramientas nos dimos cuenta de que la cosa se ponía muy complicada», recordó Osa. La asociación vecinal ha pedido incluso que se adapten los pasos de peatones moviendo la valla que rodea el inacabado polideportivo, lo que «tampoco ha tenido respuesta del Ayuntamiento». De momento, lo único seguro es que la caja de plástico sigue en su agujero, llena de objetos para el futuro.