Las Provincias

El proyecto de Pedro Sánchez se puede frustrar sin haber nacido

Pedro Sánchez, el día que fue elegido secretario general del PSOE.
Pedro Sánchez, el día que fue elegido secretario general del PSOE. / Archivo
  • El nuevo líder del PSOE compite dentro de casa con Susana Díaz, y se enfrenta con Pablo Iglesias por la primacía en la izquierda

Pedro Sánchez se pregunta atónito que pasa con él en el PSOE. No entiende, como muchos otros, que después de haber ganado a Eduardo Madina las elecciones primarias para ser secretario general con un apoyo masivo de los barones del partido, solo cinco meses después estos le den la espalda. Sin tiempo de haber podido desarrollar su proyecto y sin testar su liderazgo en las urnas.

Quizás la explicación esté en que Pedro Sánchez es un accidente. Tras el revolcón sufrido en las elecciones europeas de mayo, Alfredo Pérez Rubalcaba tiró la toalla. Todo estaba preparado para que la andaluza Susana Díaz fuera la sucesora por aclamación partidaria, pero quedaba el pequeño detalle que en el congreso del PSOE de Sevilla de 2012 se acordó que el secretario general fuera elegido en primarias por la militancia. Así lo recordó Madina, que pidió que el voto de cada afiliado fuera tenido en cuenta. Rubalcaba, con una relación difícil con Díaz, recogió la idea y abrió la carrera. En sus últimos días al timón del partido, desbarató la operación de la líder andaluza.

Madina era el favorito para las primarias frente a Sánchez. Pero el hasta entonces casi desconocido diputado madrileño se encontró de la noche a la mañana con el respaldo de los más importantes líderes territoriales del PSOE. Un apoyo más destinado a cercenar las posibilidades del parlamentario vizcaíno que a secundar su candidatura. Ganó las primarias con comodidad.

Ya ungido como secretario general, Sánchez se lanzó a una frenética actividad por todas las federaciones y medios de comunicación. Una sobreexposición que le costó algún disgusto interno por lanzar propuestas poco meditadas que alimentaron la imagen de que era un líder poco preparado e inconsistente. Las encuestas, sin embargo, premiaron su aparición. El PSOE dejó de caer en barrena, y si bien no remontó con espectacularidad frenó la caída y creció un poco en las expectativas de voto. Sánchez, además, entró en el club de los políticos mejor valorados por los ciudadanos.

Todo parecía dispuesto para que consolidara su posición dentro del partido. La irrupción, sin embargo, de Podemos desbarató en buena medida sus planes. El partido de Pablo Iglesias se lanzó sin complejos a ocupar el espacio político del PSOE, y amenaza no solo a los socialistas, también ha puesto en guardia al PP, y, en consecuencia, el bipartidismo instaurado en la transición va camino de ser un recuerdo.

El secretario general del PSOE intenta a la desesperada diferenciarse de los populares y Mariano Rajoy. Su obsesión es acabar con la coletilla de que son iguales o que uno y otro son lo mismo. Sus enfrentamientos con el presidente del Gobierno suben de tono a medida que pasan las semanas. Quiere demostrar que es el verdadero líder de la izquierda por más que Pablo Iglesias haya entrado en escena como un vendaval.

Pero Susana Díaz no quiere perder protagonismo ni que el secretario general sea la única referencia socialista. La presidenta de la Junta de Andalucía, de nuevo con el respaldo de un grupo de barones, amaga con hacerse con el liderazgo del partido y ser la candidata a la Presidencia del Gobierno en 2015. Si Sánchez no logra que el PSOE obtenga un buen resultado en las elecciones municipales y autonómicas, algo que no es fácil, puede tener sus días contados.