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La otra Cara de...
Vicente Ruiz, ‘el Soro’
A ritmo de pasodoble taurino, este torero de sentimiento y comentarista de oficio expone su vertiente menos conocida, la música y el amor a la familia
A ritmo de pasodoble taurino, este torero de sentimiento y comentarista de oficio expone su vertiente menos conocida, la música y el amor a la familia
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En la arena, en la barrera o desde el burladero, sus palabras suenan a toreo. Una vida llena de luces y alguna sombra, que ahora recupera la ilusión ante la posibilidad de volver a los ruedos. “El 20 de enero me operarán de la rodilla, y los médicos dicen que a lo mejor podré volver a torear”, cuenta entusiasmado. Por el momento, ha adelgazado, está haciendo deporte e intentando llevar una buena vida.

Hijo de una familia con nueve hermanos, la parentela es algo que tiene muy presente. De cada dos palabras que brotan de su boca, una es el amor a su estirpe y la otra el arte del toreo. Pero hurgando en sus adentros, este valenciano de Foios lleva mucho dentro.

El Maestro, como muchos continúan llamándolo, es aficionado a la música y en su infancia perteneció a la Banda Musical de su municipio. La trompeta y el fiscorno eran sus instrumentos.

Ante la pregunta de a qué le suena el verano, el linaje vuelve a marcar el son de sus palabras. “Vacaciones, descanso y convivir alrededor de la mesa con la familia”, es su respuesta. “Me gusta la cantidad de horas que se viven en el verano”, afirma, y si es con el resto de su clan, mucho mejor.

De su infancia recuerda con cariño las vacaciones en un pequeño pueblo de Teruel y los viajes a la playa en el camión de su padre. “Nos llevaban a Bronchales porque nos daba ganas de comer”, cuenta nostálgico. En la actualidad, continúan acercándose a esta localidad cuando se presenta la ocasión. “Jugar a toros en la calle, el xurro va y la familia ausente” son los otros recuerdos entrañables de la edad de la inocencia. “Vale la pena ser un poco rústico para no perder de la memoria las vivencias de la niñez”, explica.

De vacaciones este año poco puede hablar, su trabajo como comentarista taurino en la televisión valenciana, no le permite tomarse un descanso. Sus tres hijos están estudiando en EE.UU. y, tal vez, se tome unos días para acercarse a ver a su esposa y descendencia. De todos modos, asegura que su familia regresará en septiembre para reunirse junto a él.

“De creencias muy marcadas”, según comenta, lleva un rosario blanco en el cuello. Y estos días, que son las fiestas patronales de su localidad, piensa “disfrutar de las festividades y de la vecindad”.

Los colores que le definen, “el azul marino y el burdeos”, coincidencia o no, son los tonos que caracterizan el traje de luces de los músicos y la muleta de los toreros. Si tuviera que elegir un objeto, escogería el radiorreceptor. “A través de la radio te informas de la realidad”, y añade reflexivo: “Mi padre era ciego y a través de ella podía ver y oír, nosotros vemos y ni siquiera oímos”.

Su hijo mayor está preparándose para seguir sus pasos. “Todos las semanas torea tres o cuatro becerros en el rancho de su abuelo en México”, ilustra el orgulloso padre. Al diestro le gustaría volver a los ruedos “para al menos poder darle la alternativa”.

En la arena, o a través de las ondas televisivas y radiofónicas, esperamos ver pronto a esta figura del toreo valenciano, que en la distancia o en la plaza, no ha perdido la ilusión por la fiesta taurina.



 
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