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Jueves, 29 de junio de 2006
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El informe del Consell de Cultura sobre el modernismo valenciano señala que la sociedad valenciana acogió dicha corriente a principios del siglo XX y que algunos arquitectos “fueron brillantes ejecutores de obras que en muchas ciudades valencianas mostraron una gran imaginación creativa, en una línea de progreso y apertura”.


E l verano pasado una amiga me presentó a su reciente novio granadino, Genaro. Se habían conocido por internet, claro. No les tuve en cuenta el dato. Nos fuimos a cenar a la modernista Bodega Montaña porque el joven (30 años, experto en piedras preciosas), me dijo que admiraba mucho, hasta el momento sólo por fotos, el modernismo valenciano. Me rogó que antes de acudir al restaurante hiciésemos un breve recorrido (sólo visual, podríamos decir) por los ejemplos más señalados de este patrimonio arquitectónico.


A Genaro le deslumbraron la Estación del Norte, el Mercado Central y el Mercado Colón. Me pidió que parase el coche cuando pasábamos por el edificio modernista creado por Demetri Ribes en la Gran Vía Marqués del Turia 1, o por el imaginativo diseño de Vicente Ferrer para las viviendas del chaflán de Cirilo Amorós 31 (tal vez 29).


E n lo que llevamos de este verano, una semana mal contada, he recibido la visita de otro amigo, el poeta ruso Dimitri Petrov, apasionado igualmente por el modernismo valenciano. Dimitri quiso conocer, cómo no, la Estación del Norte, el Mercado Central y el Mercado Colón.


D imitri, cultísimo (conoce en datalle la poesía de Unamuno, Machado y Gil de Biedma) e inclasificable, hizo otras peticiones, esta vez menos previsibles: “¿Queda muy lejos Alcoi? Es que deseo conocer la Casa del Pavo”. Casi no me dejó responder: “¿Y Alzira? Me gustaría visitar algunos almacenes modernistas de naranjas que hay allí”.


C uento todo esto para que se vea que los valencianos tenemos unas rutas modernistas que interesan mucho a un determinado y exigente turismo cultural, y que sin embargo, entre nosotros, se conservan de modo un tanto despreocupado.


L a iniciativa del Consell Valencià de Cultura me parece por eso muy oportuna. Esperemos que su petición no caiga en burocracia rota.


A cabo con una pregunta irritada: ¿quién concedió la licencia para construir en la Estación del Norte una galería comercial de grimosa estética?



 
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