Los malos augurios de Tráfico sobre un alto número de víctimas mortales en las carreteras se han cumplido. ¿Se podía esperar que los hechos sucedieran de manera diferente? Difícilmente, a la vista de la alta curva de siniestralidad que registran nuestras carreteras desde hace años. Es cierto que se han dedicado importantes recursos a la mejora de autovías, pero si en las autovías y autopistas se producen anualmente 11.609 accidentes (930 muertos), en carreteras secundarias o convencionales se alcanza la cifra de 30.000 accidentes (2.796 fallecidos). Y esa responsabilidad es local y autonómica.