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admiren la finta zapateril que ha culminado en el pacto con CiU, y que garantiza la permanencia en el poder de los socialistas.
Por las informaciones de las que se dispone, persisten las dudas de constitucionalidad sobre el Estatuto; pero, aunque se concluyera que el texto es constitucional, nada puede salvar su inconstitucionalidad de fondo. Esta se debe a que un Estatuto, que forma parte del denominado bloque de constitucionalidad, habrá sido aprobado sin el apoyo del principal y único partido de la oposición, y ¿qué mayor atentado a la Constitución que socavar la base de concordia y consenso que la hizo posible?
El Gobierno insiste machaconamente en la intransigencia del PP. Sin embargo, esta acusación no es creíble cuando proviene de un partido que, al suscribir el pacto del Tinell para garantizarse el apoyo de los independentistas de ERC, se comprometió a no llegar a ningún acuerdo con el PP. Esto es una auténtica vergüenza que representa la ruptura del pacto constitucional y la apuesta por una política frentista cuyo objetivo no es otro que aislar a la oposición, incluso en decisiones que afectan a la estructura del Estado.
Por otra parte, a estas alturas tampoco es creíble que el acuerdo con CiU represente la solución del “problema catalán”. Apenas se produjo el apretón de manos, los nacionalistas de CiU –no digamos los independentistas de ERC- han declarado que, pese a que es un buen acuerdo, no ven colmadas completamente sus aspiraciones y, por tanto, habrá que volver a negociar en el futuro. ¿A alguien le sorprende? Lamentablemente, sigue olvidándose que, como tantas veces señaló Julián Marías, no se debe tratar de contentar a quien no se va a contentar.
España se encuentra en una encrucijada de su historia ante la que se ofrecen varias trayectorias. En mi opinión, todo lo que no sea recomponer el pacto constitucional y salvar la transición como un éxito colectivo de los españoles, constituye un camino equivocado que nos aboca a la inestabilidad, al desconcierto y, en definitiva, a una crisis nacional de consecuencias impredecibles. No es momento para que cunda el desaliento, sino para que los ciudadanos adquieran conciencia de la gravedad de la situación y con responsabilidad democrática insten a los políticos a emprender la única dirección sensata: perseverar en el espíritu que hizo posible la transición.
tomasdedomingo@yahoo.es