Al final imperó la cordura y aunque fuera a última hora, casi contra el reloj, PP y PSOE cerraron el acuerdo sobre la reforma del Estatuto valenciano, que una vez aprobado por la Comisión Constitucional del Congreso será ratificado en el pleno de la Cámara Baja. El gran logro de los dos partidos mayoritarios, unidos en el mismo camino, estuvo a punto de irse al traste después de que Ignasi Pla planteara el viernes pasado su apoyo a dos enmiendas de Esquerra Unida: la desaparición del término “idioma” para referirse al valenciano y la rebaja del listón electoral del 5 al 3%.
La intervención de Madrid obligó a Pla a rebajar sus pretensiones y a aceptar un acuerdo que saca el referido listón del texto estatutario para llevarlo a la Ley Electoral –pero manteniendo el citado porcentaje del 5%– y que no toca la referencia al valenciano. Un nuevo pacto que insiste en la idea de mantener en la Comunidad una estabilidad parlamentaria que no garantizan unas Cortes multicolor y que ha sido duramente criticado por los partidos minoritarios, como EU o el Bloc, que han dirigido sus ataques directamente contra Pla.
Conviene, sin embargo, que no olviden estas formaciones que uno de los puntos en los que se basó el pacto estatutario fue el de no tocar la parte relativa a las señas de identidad valencianas, en donde únicamente se ha introducido una nueva redacción al citar el valenciano, que refuerza su carácter de idioma propio en un intento del PP de defenderlo frente a injerencias e intentos de minusvalorarlo. El nuevo Estatuto blinda, de este modo, las señas de identidad valencianas.
Por otra parte, el consenso entre socialistas y populares demuestra que si los dos grandes partidos quieren es posible llegar a acuerdos, especialmente cuando estamos hablando de asuntos de tanta trascendencia como la organización territorial del Estado. En esta línea, la vía valenciana se configura, de nuevo, como el modelo a seguir para el resto de reformas estatutarias y se contrapone a lo realizado en Cataluña, donde el PP ha sido excluido por el famoso Pacto del Tinell.
Los dos partidos han entendido con claridad que la inmensa mayoría de los ciudadanos no están –en este tema del Estatuto– por la confrontación, sino por el entendimiento. Aquellos que en los últimos días han sumido a la Comunidad Valenciana en un mar de dudas y de indefinición poniendo en peligro el pacto, para acabar llegando prácticamente al punto de partida, deberán dar cuenta a los valencianos de sus actuaciones.