Las Provincias

Menorca

El día 6 escuchábamos la lectura de la Adoración de los Magos de Oriente al Niño Jesús, Contemplaron la estrella y se pusieron en camino. Después de muchos avatares llegaron al pesebre donde encontraron al Niño Dios a quien ofrecieron sus dones. Pero hay un detalle importante al que muchas veces no le damos importancia. Volvieron a sus casas sin la necesidad de una estrella que los guiara, porque ellos eran la estrella.

Al día siguiente, 7 de Enero, en una isla pequeña pero llena de esperanza y alegría era ordenado Obispo y tomaba posesión de la diócesis menorquina un sacerdote de nuestra diócesis oriolana, don Francisco Simón Conesa Ferrer, que tras largos años de servicio pastoral entre nosotros, era propuesto por el Papa Francisco como Obispo de Menorca. Durante muchos años hemos compartido diferentes ministerios. Recuerdo que cuando don Victorio nos propuso a los vicarios episcopales de aquella época el nombre de Paco Conesa para la Vicaría General de la Diócesis, todos, sin parpadear, asentimos por el acierto de nombrarle Vicario General, por su preparación teológica, su espíritu eclesial y por su disponibilidad para servir a la Comunidad Diocesana en un cargo tan complicado y arriesgado. Cuando se incorporó a la reunión todos estábamos contentos por el acierto del obispo Victorio. Han sido muchos años, creo que 16, los que estuvo al frente de la Vicaria. He de confesar su capacidad de trabajo y dedicación que durante nuestros años de vicario episcopal y en años posteriores con otros equipos y obispos, ha realizado con entrega y generosidad.

Los menorquines han tenido suerte con su Pastor. Todos los que estuvimos presente en la ordenación episcopal, pudimos apreciar los gestos de cariño y atención que le dedicaban sus sacerdotes y fieles congregados en la catedral de Ciudadela, para ser testigos de un hito tan importante como la toma de posesión de su Obispo.

Una celebración bilingüe, castellano y menorquín, sin estridencias, con normalidad y el nuevo obispo con un dominio del lenguaje menorquín, donde les hacía un guiño a todos, indicándoles que se encarna con ellos y va a ser la estrella de Belén que él acogió hace varios años, cuando decidió seguir la llamada del Aquel que nació en Belén.

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