Las Provincias

El Palmeral, fuente inagotable de riqueza

Que una palmera nos puede suministrar, además de dátiles, combustible para calentar las antiguas viviendas y material suficiente para confeccionar una escoba o atar las tomateras es algo bien sabido por los ilicitanos. Pero todavía hay mucha gente que desconoce los múltiples usos, trabajos y costumbres asociados a nuestra emblemática planta, como pude comprobar el sábado pasado en el huerto de San Plácido durante una demostración para potenciar el conocimiento del palmeral y darle todo el valor que se merece.

El citado acto se adelantaba a la conmemoración del 16 aniversario de la declaración del Palmeral como Patrimonio Mundial por la Unesco, hecho que aconteció el 30 de noviembre de 2000, por lo que hoy vuelve a ser un día muy especial en Elche, como sucede cada año desde esa emblemática fecha.

Cerca de un centenar de personas de todas las edades seguían con sumo interés las explicaciones sobre el cultivo de la palmera y el absoluto aprovechamiento que de todas sus partes hacían nuestros agricultores. Desde un banco o una viga con el tronco cuando se talaba, hasta la preparación de cascabot para montar una cerca y preservar de los animales los cultivos de las hortalizas.

Una exhibición de trepa de palmera con sabia demostración del uso de la soga y el corvellot, aderazada con el relato de cómo se realiza la escarmonda, desató los aplausos del público, en su mayoría visitantes de fin de semana de nuestra ciudad. Y una degustación de dátiles recién cogidos y bien dispuestos en un sebail, puso el perfecto colofón a una jornada matutina de contacto con las tradiciones y de paseos entre las palmeras, naranjos y limoneros de uno de los huertos más carismáticos de nuestra ciudad, organizada por el Centro Unesco.

El relato de esta experiencia podría haberse quedado en mera anécdota o simple acto protocolario, pero después de un compartir un buen rato con los asistentes, a quienes tuve el honor de dirigir unas palabras, he reflexionado sobre la gran responsabilidad que se nos entrega como herederos de estas tradiciones milenarias. No cabe duda de que tenemos la obligación de conservar y difundir este patrimonio y de proteger un entorno paisajístico que nos ha permitido forjar nuestra identidad y exportarla a todo el mundo.

La explotación del palmeral, como bien decía el palmerero del Huerto de San Plácido encargado de dar las explicaciones a los turistas allí concentrados, hace tiempo que dejó de ser rentable. Pero al tiempo que la industria del dátil perdía peso e importancia en la economía local, crecía exponencialmente el valor de nuestros huertos como paisaje cultural, asociado a un complejo entramado de acequias y de construcciones para su cultivo., lo que supone además una singular cultura hidráulica.

Preguntaba una señora por qué no se vendían dátiles en Elche. Es probable que esperara ver establecimientos con estos frutos por todas las esquinas y al no encontrarlos expresaba así su frustración. Alguien le explicó señalando hacia la otra parte de la calle que allí mismo había una tienda donde podría comprar todos los que quisiera.

El cultivo del dátil forma parte en nuestros días del resurgimiento del Camp d’Elx, como pudimos comprobar durante el corte del primer ramazo realizado recientemente en una finca de La Hoya de la mano de la SAT Datelx. Y los exquisitos platos preparados para la recepción por la confitería Patiño y el restaurante Martino nos han enseñado el camino de las grandes posibilidades gastronómicas asociadas a nuestro palmeral.

Turismo, tradición, gastronomía y cultura son, entre otros, los nichos de negocio de un patrimonio que debemos gestionar con sabiduría, eficacia y prudencia con el fin de sacarle todo el partido posible para el desarrollo de la economía local. Por ello, el equipo de Gobierno municipal trabaja incansablemente en la lucha contra el picudo, una de las grandes plagas que nos afectan y a la que estamos haciendo frente centrándonos en la prevención. Los resultados son satisfactorios porque se ha reducido un 30% el número de palmeras taladas con respecto a los años 2014 y 2015.

También tenemos encima de la mesa la renovación de la Ley del Palmeral, que sentará las bases que garanticen la conservación y desarrollo de uno de nuestros bienes más preciados. El impulso al Camp d’Elx previsto en los presupuestos del próximo año ayudará a su preservación de este Patrimonio y la apuesta por la investigación y la innovación, tanto en el estudio de nuevos productos contra las plagas como en la apertura de otras líneas de investigación, permitirá abrir nuevos mercados para sus productos.

Estas líneas de actuación para preservar nuestro Patrimonio de los peligros que le acechan, exigen dejar de lado las discrepancias y recuperar el espíritu combativo e investigador de Pere Ibarra, quien a principios del siglo XX, al observar las amenazas que la tala indiscriminada de palmeras suponía para la identidad de Elche, fue capaz de levantar la voz y aglutinar un gran movimiento en defensa del Palmeral. Espero que sus enseñanzas no caigan en saco roto y que sepamos anteponer el interés común de la preservación del Palmeral, el más grande de Europa, como fuente inagotable de riqueza, a los espúrios beneficios de las políticas que solo contemplan una sospechosa rentabilidad inmediata.