Las Provincias

A grandes males, los remedios que tocan

Leerán que parece que tendremos presupuesto para 2016. En diciembre. En los últimos dos o tres días del año. Si no les parece insólito o, incluso, sospechoso, y creen ciegamente las explicaciones de la concejalía de Hacienda, es que son ustedes eso llamado 'peperos convencidos'. Y no es ya que nos hayan engañado, no. No al menos les puedo decir sinceramente después de consultar expedientes y personal municipal implicado. El problema es que la información ha sido escasa, por no decir inexistente. Pero la hay, y no es la que el PP quisiera.

Quizá el problema es que la gestión del gobierno popular en 2016 no es la que el alcalde deseaba tras ganar sin mayoría absoluta en mayo de 2015 y ser investido Bascuñana 'por imperativo legal'. Tal vez el obstáculo sea que esa gestión pretendida no fuera tan factible y haya quedado apartada por lo que realmente había que empezar a hacer. Y es que la situación en Orihuela se repite, la misma desde que la descubrimos en 2011: un gran desastre administrativo y de organización interna que nadie quiere o se atreve a afrontar desde la iniciativa política.

Cuando empezó este mandato algunos ya advertimos de que el gran problema de Orihuela era seguir arrastrando un sistema caótico que sólo servía ocasionalmente para alguna foto de cierto éxito en prensa, pero que cada día nos sumía más en la ineficiencia. Queremos ser una gran ciudad, administrativamente cercana a sus vecinos, participativa, accesible, moderna y dotada de recursos que emplear en aquello que la Administración local debe suplir con el dinero de todos, pero somos ese pequeño pueblo desorganizado donde todavía todo sucede según el humor o ganas del político o funcionario de turno, sin protocolos estandarizados y de aplicación automática. La sorpresa nos acecha en cada esquina para detener constantemente una maquinaria enorme, lenta y pesada que consume combustible, mucho, sin que le saquemos rendimiento.

Ese es el pecado del gobierno de Orihuela, el no enfrentarse al problema. Desde que empezó a gobernar el PP ha querido sacar pecho de su gestión sin mirar cómo funciona la herramienta que debe utilizar, pero nunca advirtió a principios de 2016 lo que se iba a encontrar entre capital de préstamos de 2012 a amortizar, pagas y horas extra de personal municipal pendientes, o expropiaciones del año del catapún adeudadas y reconocidas por sentencias que han de abonarse. Y nadie advertirá que para el presupuesto de 2017 habrá de hacerse frente a otras cuestiones que serpentean por los despachos y que terminarán por aparecer antes o después.

Lo que el PP no explica es que lo que hay se debe a que se ha empezado a poner soluciones desde el área de Intervención. Pero no por gusto o convicción del gobierno, sino porque no hay más remedio. Hay que empezar a reconocer que en esto comenzó un Interventor que en el Palacio del Marqués de Arneva es casi como el malo de Harry Potter (»aquel cuyo nombre no debe ser pronunciado»). Lo que pasa es que Urruticoechea (me atreveré) se limitó a señalar los males -que constan en un informe de la Sindicatura de Cuentas-, pero sin proponer ni abordar las soluciones, porque, según él, ni era su competencia ni tenía un ordenador de su marca favorita. El desmantelamiento de este campo minado se ha ido realizando desde este verano pasado hasta ahora a base de depurar contabilidades atascadas desde hace años, liquidar el presupuesto de 2015 asumiendo y resolviendo cuestiones económicas enquistadas, empezando a desentrañar, en suma, el nudo tremendo que impedía conocer la realidad de los números municipales. No está todo hecho y queda mucho, como aprobar cuentas anuales de periodos anteriores pendientes o dirimir sobre el coste real y modo de gestionar los servicios públicos municipales.

El PSOE avisó entre 2011 a 2015 que ellos no iban a solucionar los problemas creados por el PP. Los Verdes ni advirtieron. Bajaron la cabeza, que eran Alcaldía, y nunca otra como esa. Y el PP de hoy sigue sin saber enfrentarse a los problemas del PP de ayer. Lo curioso es que el PSOE oriolano, gobernando y dormitando en lo económico durante varios años, parece haber aprendido a enmendar un presupuesto cuando se demostró incapaz de hacer ese mismo presupuesto en 2013, 2014 y 2015. O cuando bajo responsabilidad de Carolina Gracia se incumplió la regla de gasto de 2013 y no se elaboró el obligatorio plan económico financiero. O cuando dejó de traer a Pleno cuentas anuales desde 2012 ... El aprendizaje precoz aquí, créanme, no existe. Las ganas de marear y bloquear, aunque sea contra todo y contra todos, sí. Por muy digno que se ponga más de uno/-a..