Las Provincias

la libreta gris

SE DESARMÓ EL BELÉN

La carta de las dos tutoras de educación infantil de tres años del colegio público La Hispanidad: «Queridas familias. Se aproxima la Navidad y vamos a decorar las aulas de 3 años. Para ello necesitamos que cada niñ@ traiga un adorno al aula. Por favor, que no sea grande (árbol de Navidad) ni con motivos religiosos (belén). El próximo viernes 3 de diciembre, a las 15.45, los padres voluntarios que lo deseen vendrán a decorar las aulas. Muchas gracias». La interpretación, vía tuit, del concejal popular Pablo Ruz: «Me llega esta imagen de una carta remitida a los padres de un colegio de Elche en la que, expresamente se PROHÍBE que los niños lleven motivos navideños cristianos para decorar sus aulas». Añade el otrora coordinador municipal de Cultura: «El grado de despropósito al que estamos llegando es de antología (...) Un belén, un nacimiento NO es un motivo ni de discordia ni de división, ni de confesionalidad. El pesebre, el belén, simboliza todo lo contrario (...). La cordura parece que, en algunos casos, se ha marchado de vacaciones. Qué pena», sentencia. Las consecuencias: redes sociales en efervescencia, comunidad escolar dividida, una de las tutoras de baja por ansiedad (o estupefacción), trifulca política y ande, ande la marimorena. Es lo que pasa cuando se tocan estas cosas tan sensibles que tantas fricciones familiares generan: árbol, belén o solo adornos; y si se pone el nacimiento, con o sin ‘caganer’, con o sin luces intermitentes... Todo un campo abonado para el debate y el enfrentamiento. La realidad está bastante alejada del guirigay que se ha formado. Como vienen haciendo desde hace años, sin que surgiera ningún problema ni polémica, las tutoras del colegio animan a sus pequeños/as alumnos/as de apenas tres años a adornar las aulas con elementos navideños para explicarles el sentido festivo de estos días, por qué hay luces de colorines y adornos en las calles, se cantan villancicos y demás parafernalia. No se trata de plantificar un árbol navideño en plena clase ni de montar un belén; para eso ya están los alumnos mayores del propio colegio, en el que, por cierto, varias clases lo hacen, sin ningún problema. Incluso se han llevado algún que otro premio en el concurso de la Asociación de Belenistas. También recibe el colegio la visita de un rey mago en fechas previas a las vacaciones, e incluso se cantan villancicos. Es decir, creencias religiosas aparte, no parece el colegio en cuestión un nido de antibelenistas ni agnósticos recalcitrantes que quieren cargarse el espíritu navideño. Aunque no faltará quien abogue, y no sin razón, por aplicar de una vez por todas el principio constitucional de la laicidad en los centros docentes públicos, y que el que quiera belén, que lo monten en clase de Religión (que por otra parte, también habrá quien abogue igualmente por sacarla de los colegios y llevarlas a las parroquias). Pero por el momento impera el respeto y el entendimiento en la comunidad escolar, que es lo deseable en todos los ámbitos de la vida y la convivencia. Estas polémicas, aunque artificiosas, son alimento de redes sociales y evidencian cómo están de irritables algunas sensibilidades. Y cómo algunos aprovechan la ocasión para irritarlas aún más. Ahora, las tutoras tendrán un argumento más que explicar a sus pequeñines: ojo con la Navidad, que igual que es tiempo de fraternidad, turrón y villancicos, también es motivo de agrias trifulcas familiares y sociales. Dentro de poco habrá quien plantee en algún foro, muro o similar que eso de que «la Virgen está lavando y tendiendo en el romero» es sexismo puro, discriminatorio para la mujer, y además, un atentado ecológico del que se debería ocupar el Seprona. Ojito con las sensibilidades.

Y para sensibilidades las de los tres concejales de Ciudadanos, que han puesto las suyas al servicio del tripartito y van a respaldar los presupuestos para 2017. Ya lo dijo su portavoz, David Caballero: por fin hay un gobierno local sensible –también– a las aportaciones de otros grupos (de momento solo el suyo) y que habían atendido esas 70 medidas que presentaron como condición para respaldar las cuentas. Ni el alcalde, Carlos González, ni la portavoz del gobierno tridente, Patricia Macià, ni siquiera la concejal de Hacienda, Ana Arabid, han aclarado todavía cuántas de esas medidas se han incorporado realmente al documento. Se habla de coincidencia en muchos aspectos y en los que no, pues se matizan y arreglado. En C’s se dan por satisfechos con las cuentas, y como ya se sabe que son la fuerza en la oscuridad (¿o quizás en la penumbra?) que hace moverse la maquinaria del tripartito, pues tan contentos. (No solo mueven los hilos aquí, sino también en Valencia: el diputado Emigdio Tormo ha reaparecido esta semana para advertir de que si se va a desdoblar la carretera de Santa Pola es –lo han adivinado– gracias al tesón de C’s en Les Corts. Ahora van a por la Dama, ¡que tiemble Rajoy!). Alto grado de consenso, pregonan desde el gobierno. La primera vez que se pactan unos presupuestos con un grupo de la oposición, recalcan desde el Partido de Elche. Pero el PP recela de tanto consenso, tanta participación y tantos arrumacos. Ya lo dijo Vicente Granero: esto es un mangoneo y los presupuestos no se sostienen, ni son reales, ni sociales, ni crearán empleo, y encima, a ellos ni siquiera les han llamado para consensuar. Una llamadita, al menos, no habría estado mal. Que también tienen su corazoncito. En cualquier caso, advierte el portavoz adjunto, si el Ayuntamiento hacer inversiones el próximo año será gracias a ellos, al PP, que durante su mandato sanearon las cuentas, merced a la calculadora científica y el tesón de Manolo Latour, y a la política de contención del gasto y de otras cosas que ahora se critican. A cada cual lo suyo.

En cualquier caso, por si alguien toma estas señales como una premonición, esta semana hemos tenido un terremoto de tres grados. Además del registrado en el colegio Hispanidad. Cuidadín.

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