Las Provincias

Te deseo todo bien

Recojo de R. Tagore 'La leyenda del Mendigo', que me viene a pie juntillas para definir lo que en este fin de semana iniciamos los cristianos, el Tiempo del Adviento. «Iba yo pidiendo de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando un carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba maravillado, quién sería aquel rey de reyes. Mis esperanzas, volaban hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo. La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de mi vida me había llegado al fin. Y de pronto, Tú me tendiste la mano diciéndome: ¿Puedes darme alguna cosa? ¡Oh qué ocurrencia la de tú realeza. Pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y te lo di. ¡Pero qué sorpresa la mía, cuando al vaciar por la tarde mi saco al suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón! ¡Qué amargamente lloré no haber tenido compasión para dárselo todo!»

Ahí tenemos la descripción del Adviento. Vamos por los caminos de la vida solicitando la limosna de tantas cosas para que no nos falte de nada para consumir y tan ofuscados estamos que pasa desapercibido que por el camino que transitamos viene Alguien y creemos que nos ayudará a resolver nuestras necesidades y cual es nuestra sorpresa cuando observamos que es Él el que nos pide un espacio para nacer, una vivienda para vivir y un hogar para una familia.

Andamos con nuestro saco de arriba abajo, llenándolo de tantos granos de trigo, que nos coge con el pie cambiado y no reaccionamos y metemos nuestra mano en el saco para sacar aprisa y corriendo un granito. Los cuentos, cuentos, son, pero todos sabemos que detrás de cada uno hay una moraleja, un mensaje. El Evangelio es vida y no simple ideología.