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Un interruptor marcado para evitar que se toque. :: ampa
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Los daños por lluvias dejan sin clase a los niños del Colegio Playas de Orihuela

  • La Ampa urge la construcción del colegio de ladrillo que sustituya a los barracones donde estudian los alumnos desde hace catorce años

Los escolares que cursan sus estudios en el Colegio Playas de Orihuela, levantado íntegramente en barracones desde hace catorce años, se quedaron ayer sin clase. El motivo no fue otro que los daños ocasionados en sus aulas por la lluvia que cayó, sobre todo en la madrugada del martes al miércoles en la zona, y que inutilizó buena parte de las instalaciones del centro escolar, aquejado de numerosas goteras que desde la Asociación de Padres y Madres (Ampa) achacan a la falta de mantenimiento de los módulos prefabricados por parte de la empresa que debería hacerlo. La sorpresa, aunque cada vez es menos sorpresa para la comunidad escolar del centro, llegó ayer por la mañana cuando los niños llegaron a clase y tanto desde la dirección como por parte de la Policía Local se informó a las familias de la imposibilidad de utilizar las instalaciones «por la inseguridad que podría ocasionar a los alumnos», afirmaron desde la Ampa. El colectivo de madres y padres criticó que cada vez que llueve los desperfectos impiden el acceso a las clases, además de que se estropean trabajos y materiales. En el caso de ayer afirmaron que la lluvia se filtró por las ventanas, aparecieron goteras en medio de las clases y medio palmo de agua en los pies de los niños, «libros mojados, trabajos, mochilas, ordenadores o cuadros de luz, un verdadero peligro para toda la comunidad educativa», aseguró Yolanda Fernández, presidenta del colectivo de madres y padres.

Ante estos hechos, que aseguran que se repetirán en cada episodio de lluvias, e indican que de caer agua todos los días sobre el colegio en otoño e invierno lo inutilizaría hasta la primavera, desde la Ampa urgen la construcción del nuevo centro de ladrillo «puesto que los perjudicados siempre son los niños que estudian en unas instalaciones precarias que ya no se sostienen por sí mismas». De este modo recuerdan cómo hace un par de años cayó el techo de un barracón en el centro de una clase de Infantil, que no hirió a ningún pequeño porque no estaban en ese momento en el aula, y manifiestan la «indignación de las familias de la costa» puesto que tienen que perder horas de trabajo para atender a sus hijos, que al mismo tiempo las pierden de clase.