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Europa «se la juega» con la misión al Didymos

Recreación de un asteroide acercándose a la Tierra.
Recreación de un asteroide acercándose a la Tierra. / R. A.
  • El reto es medir la capacidad para desviar un asteroide. Los países de la Agencia Espacial Europea deciden este diciembre si aportan los fondos para participar junto a Estados Unidos en este experimento

Mucho en juego. Europa perderá una «oportunidad única» no solo desde el punto de vista tecnológico si no participa en la misión espacial al asteroide Didymos, sostiene el científico y único representante de instituciones españolas en el comité coordinador del proyecto, Adriano Campo-Bagatin.

Denominada AIDA y planeada conjuntamente entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), esta misión se lanzaría en 2020 y tiene como principal reto medir la capacidad tecnológica actual para evitar el impacto de un asteroide en la Tierra. En concreto, se pretende comprobar si la tecnología disponible en estos momentos es capaz de desviar de su órbita el satélite, de unos 150 metros de diámetro, del asteroide Didymos.

Sobre el satélite de Didymos se planea realizar en 2022 la desviación por medio de una colisión a seis kilómetros por segundo, explicó Campo-Bagatin, que es también profesor del Departamento de Física, Ingeniería de Sistemas y Teoría de la Señal en la Universidad de Alicante (UA).

El consejo ministerial de los países que integran la ESA se reunirá este mes de diciembre para decidir si respalda económicamente la parte europea de la misión, bautizada con el nombre de Asteroid Impact Mission (AIM) y que, junto con su homóloga estadounidense DART, forma el proyecto espacial conjunto AIDA.

Campo-Bagatin aseguró que decenas de científicos y personalidades europeas han firmado recientemente una carta de apoyo a dicha misión. Según este investigador, «entre los firmantes se encuentran, por ejemplo, el reconocido cosmólogo británico Lord Martin Rees, de la Universidad de Cambridge, y el astrofísico y otrora guitarrista de Queen, Brian May».

El alicantino aseguró que, si finalmente no se llevara a cabo la parte europea de la misión, «Europa perdería una oportunidad única y se quedaría atrás con respecto a EEUU, Japón e, incluso, China e India, que tienen misiones ya en marcha y programadas para el futuro cercano».

«No habría ninguna misión espacial a asteroides en los próximos 15 o 20 años por parte europea» y «toda la tecnología que AIM llevaría a bordo y que podría ser aprovechada para futuras misiones a Marte, por ejemplo, se quedaría sin poder comprobar su fiabilidad y efectividad», indica.

A este respecto, considera en un artículo de opinión que difundirá el próximo lunes la UA en su web, que el Gobierno español «tiene la posibilidad de dar un paso al frente y afirmar claramente que España está donde necesita estar: entre los países que quieren liderar iniciativas científico-tecnológicas ilusionantes como ésta».

Sostiene que «el retorno positivo será económico para las empresas aeroespaciales españolas implicadas y de prestigio para las instituciones directamente involucradas (UA, Instituto de Astrofísica de Canarias, Institut de Ciències del Espai de Cataluña y Universidad de Vigo)», así como en términos de creación de empleo y nuevos contratos para jóvenes técnicos e investigadores.

También revela que «el coste de la parte europea de la misión para los seis años de su duración ronda lo que se elude y defrauda en un solo día, solo en España, en impuestos».

Sin amenazas a a la vista

Los programas de búsqueda de «los asteroides cercanos a la Tierra han identificado a más del 90 % de los más grandes, de más de medio kilómetro de tamaño, sin que ninguno de ellos represente una amenaza hasta la fecha, pero que no nos engañe esta victoria aparente», según Campo-Bagatin.

«El problema real reside en los que son más pequeños. Hay decenas de miles de asteroides del tamaño suficiente para atravesar la atmósfera como un cuchillo la mantequilla, cuyas órbitas se acercan a la Tierra continuamente y que podrían causar incalculables daños humanos y materiales si finalmente golpearan su superficie», especifica.

Los científicos quieren constatar con la citada misión espacial si la tecnología actual está preparada para desviar de su órbita un asteroide pequeño que se dirija a la Tierra. «Una cosa es considerar que podríamos estar a la altura, pero si no se comprueba, no lo sabremos nunca y tendríamos que apostarlo todo a una sola carta en caso de necesidad», dice.

Campo-Bagatin subraya que «nadie nunca ha podido realizar una prueba sobre cómo reaccionaria un asteroide a una colisión» a pesar que «hay muchos estudios al respecto, pero hasta que no haya una contrapartida real, solo especulaciones».