Las Provincias

la libreta gris

Teoría del pato mareado

«La democracia está llegando/ a los Estados Unidos». Canción 'Democracy' (1992) de Leonard Cohen (1934-2016).

No se les ocurra reservar aún habitaciones en el Arenales Beach Hotel que la cosa sigue sin estar clara. Por si no estuviera suficientemente enredada la cuestión administrativa, ahora se reactiva la batalla política para añadir aún más confusión al barullo. Resulta que Mercedes Alonso ha acompañado en Madrid a responsables de la empresa propietaria para presentarles a la directora general (en funciones) de la Sostenibilidad de la Costa, la Playa, el Sol, el Mar, el Cielo y Tú para charlar del asunto. En septiembre ya estuvieron con Raquel Orts -apellido de vernáculas reminiscencias- el alcalde y el concejal de Urbanismo a ver lo mismo. Entonces no sacaron nada en claro y ahora, pese a todos los anuncios realizados por la exalcaldesa, muy dada a trabucar deseos y realidad, pues tampoco. Y es que la directora del asunto litoral estaba más pendiente de la llegada del motorista con el sobre de su ratificación en el cargo o su cese fulminante, que de un hotelito semiderruido a la vora de la mar mediterránea. «Raquel -inquirió Alonso, al borde de la desesperación- entonces, ¿tú crees que...?». «Yo no creo nada, de momento, por si acaso», le respondía Orts, mientras revisaba el móvil en busca de una señal de La Moncloa. «¿Crees que en dos meses o así...?», insistía la líder opositora, ante la creciente desesperación de sus acompañantes. «Así, así...», respondía la directora, ensimismada en el móvil, mientras movía el dedo arriba y abajo por la pantalla. Y así fue cómo Mercedes regresó, ufana y pizpireta, a echarle en la cara a Carlos González y José Manuel Sánchez que había sido capaz de conseguir como mujer lo que ellos no supieron defender como hombres. Y claro, se ha armado una gorda (polémica) o un gordo (enfrentamiento) entre los populares y el tripartito. Bueno, en realidad no con todo el gobierno local uno y trino, sino entre PSOE y PP, porque Compromís en este tema ya dijo lo que tenía que decir: quiere permutar los terrenos actuales para derribar el edificio y que vuelva a crecer allí el taray, el cardo y el lirio de mar, y retocen de nuevo felices los escarabajos peloteros y el chorlitejo patinegro. Así que ahora, Mireia Mollà -a la sazón concejal de Turismo- y los suyos están de oyentes en este tema, como en el Mercado Central (el viernes volvieron a salirse de la junta de gobierno cuando se abordó el inicio de las catas: mucho fomentar la participación ciudadana pero los compromisarios cada vez parece que participan menos de las decisiones relevantes para la ciudad, que diría el/la otro/a). Y el tercer socio en cuestión, JR Pareja, tampoco parece muy entusiasmado por entrar en este berenjenal, ni siquiera para pedir un referéndum entre los vecinos, como propugna para el asunto del mercado.

La cuestión es que, como suele suceder cuando un asunto se enreda de una manera tan endiablada, conforme pasa el tiempo la solución se ve cada vez más quimérica. El equipo de gobierno se mueve en este proceloso asunto como anátida obnubilada, consecuencia de las fuerzas intermoleculares centrípetas y a la vez tangencialmente extrusivas que actúan en su núcleo, y presa del debate político-moral entre la lógica pragmática y la obtusa legalidad. Los populares, libres de estas turbaciones de la vieja izquierda, se dedican a acusar a otros de causar una situación de la que es máxima responsable una Administración que ellos dirigen (aparte, claro está, de la concurrencia necesaria de la empresa por ejecutar sin aviso previo unas obras no contempladas). El Ayuntamiento, ni qué decir tiene, sigue la estela ministerial en este asunto, que según recordaba el edil Sánchez, para añadir más leña al fuego, se originó con la denuncia de un díscolo funcionario municipal, a quien la propia Alonso propuso para formar parte de Pimesa cuando mantenía una encarnizada batalla legal contra el exalcalde socialista Diego Macià y varios compañeros del Ayuntamiento. (Por cierto, el edil Pepe Pérez anuncia una pronta resolución del expediente disciplinario abierto al susodicho por ejercer de abogado en Alfàs del Pi cuando debía de estar en su departamento municipal firmando providencias e informes varios). Como ven, muchos elementos juntos y pocos buenos. Pero no hay nada que no arregle un buen arroz a la orilla del mar, y por eso nuestra exalcaldesa invitó a la directora general a degustar una paellita de marisco frente al hotelito, para que se haga una idea cabal del asunto y, acceda, entre chupetón a la cabeza de gamba y trago de sangría, a firmar la reanudación de las obras. Los del tripartito no la han invitado ni a una tapa-caña, y así no se consigue nada. Seguimos...