Las Provincias

Noviembre

Escribe San Ambrosio: «Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora, una oración por su alma la recibe Dios». Tenemos la costumbre de exaltar a nuestros difuntos y decir cosas maravillosas de ellos, cuando ya no están entre nosotros y nos olvidamos que durante muchos años han compartido con nosotros la vida.

Fijaos lo que nos dice un autor: «Si quieres hacer feliz a alguien que quieres mucho, díselo hoy, sé bueno....en vida, hermano, en vida. Si deseas dar una flor, no esperes a que se mueran, mándala hoy con amor....en vida, hermano, en vida. Si deseas decir te quiero, a la gente de tu casa y al amigo cercano o lejano....en vida, hermano, en vida. No esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu afecto...en vida, hermano, en vida. Tú serás mucho más feliz, si aprendes a hacer felices a todos los que conozcas...en vida, hermano, en vida. Nunca visites panteones, ni llenes tumbas de flores, llena de amor corazones...en vida, hermano, en vida».

Durante este mes de noviembre existe la buena costumbre de visitar a nuestros difuntos en los cementerios, lo que es cosa buena y laudable. Limpiamos, arreglamos y colocamos nuestro ramo de flores. Costumbre sana y buena que tenemos que mantener. Pero muchas veces se nos olvida que todo ello es reflejo de lo que llevamos por dentro y nos quedamos con lo externo, Tiene que acompañar esa oración sencilla y cálida que surge de nuestro cariño y amor.

Nuestra vida es eterna. Tenemos una primera instancia de vida terrenal que aboca en la vida, tras el paso de la muerte. Dios no nos ha hecho para aniquilarnos con la muerte. Nos hace para la vida. Él, es Dios de vivos, no de muertos. Somos imagen de Dios; Él nos ama tanto que nos hace hijos suyos y si somos imágenes de Dios, somos semejantes a Dios. Esta es nuestra grandeza. Por ello tenemos que encarnar en nuestras vidas el mensaje de Jesús que escuchamos el día de Todos los Santos: las Bienaventuranzas. Un abrazo.