Las Provincias

CRÍTICA DE CINE

Magnífico apunte social

Con más de una veintena de películas en su haber, el octogenario cineasta británico Ken Loach vuelve a la carga con otra contribución al cine de denuncia social, temática a la que ha dedicado gran parte de su filmografía, acompañada, otro tanto, de filmes de tono político, como demostró en su anterior 'Jimmy's Hall', acerca de un activista irlandés, o en otros dramas de ideología de izquierdas, como su impresión sobre la Guerra Civil española en 'Tierra y libertad' o la causa independentista de Irlanda en 'El viento que agita la cebada', película que le dio su primera Palma de Oro en Cannes, ya que con 'Yo, Daniel Blake' ha logrado su segunda.

Aquejado de una dolencia cardiaca, un carpintero debe dejar de trabajar porque así queda establecido por los doctores que lo atienden. Sus gestiones para solicitar la pensión o la ayuda económica por desempleo empiezan a tropezarse con las trabas burocráticas existentes, ya sea por unos servicios administrativos que no agilizan el papeleo que justifiquen sus derechos legales, o por la falta de una ágil investigación que solucione los problemas de los ciudadanos, corroborando la veracidad de sus circunstancias personales.

Las anécdotas ejemplares que adornan la historia de Daniel Blake no tienen desperdicio. Para obtener el subsidio, debe presentar currículums en busca de empleo que demuestren que lo está buscando. Se da la paradoja de que cuando lo encuentra, no puede aceptarlo porque el equipo médico no le da el acta laboral.

Loach y su guionista preferido, Paul Laverty, trazan un círculo cerrado de trabas que se complementa con una crítica mordaz hacia las nuevas tecnologías, pues todos los trámites hay que hacerlos vía 'on line', cuando muchos de nuestros mayores son ajenos al sistema, suprimiéndoles el derecho de hacer sus peticiones, reclamaciones o presentación, por escrito, de cualquier documento.

'Yo, Daniel Blake', en un tono descarnado, acentuado con la presencia de otros personajes, una madre soltera y sus dos hijos, nos remite a la realidad por la que pasan miles de personas sin trabajo, cercanas a la pobreza o dentro de ella, que sobreviven como pueden inmersos en un sistema conservador que, aunque es cierto que les ayuda mediante las bolsas de alimentos, también les fuerza a delinquir en hurtos menores por las necesidades urgentes o les obliga a la humillación de pedir.

El cómico Dave Johns, más conocido por sus actividades en escenarios como monologuista, nos llega al alma con su interpretación de un ser desesperado ante la adversidad, sin perder su valentía de apoyo a los demás.

Temas