Las Provincias

«Siento un desgarro en el corazón, parte de mi vida se queda aquí»

Conesa, entre uno de los conjuntos escultóricos de la plaza de Santa María.
Conesa, entre uno de los conjuntos escultóricos de la plaza de Santa María. / Matías Segarra
  • Francisco Conesa

  • arcipreste de la Basílica de Santa María y nuevo obispo de Menorca

  • El párroco ilicitano afronta «con ilusión y con alegría» su nuevo cargo en Menorca a partir del próximo 7 de enero

Francisco Conesa (Elche, 1961), doctor en Teología y Filosofía por la universidad de Navarra, fue sacerdote en la basílica de Santa María desde 1985. Después, en marzo del 2014, pasó a ser arcipreste, hasta ahora, que ha sido nombrado obispo de la iglesia de Menorca. El párroco ilicitano abandonará la ciudad para comenzar una nueva etapa de su vida en las Islas Baleares con su nuevo cargo de obispo el próximo día 7 de enero.

-¿Cómo se siente por la despedida?

-La despedida es un pequeño desgarro en el corazón porque yo he estado muy a gusto. Han sido tres años muy bonitos como persona y como sacerdote, en los dos sentidos. Humanamente, porque he estado en mi pueblo con mis amigos y con mi familia. Pero también desde el punto de vista espiritual, porque como párroco me he sentido a gusto con lo que era la parroquia, en la Basílica de Santa María. Entonces, siento un desgarrón en el corazón, se queda una parte de mi vida aquí pero, también voy con ilusión y con alegría a servir a la iglesia en Menorca.

-¿Qué espera de la nueva etapa?

-Espero ser fiel al Señor y poder empujar y ayudar para que esa iglesia sea más misionera, se trasformen sus instituciones para servir mejor a los hombres y mujeres de Menorca. Es decir, espero tener la ilusión y la valentía de conectar con ellos para poder ayudarles a trasmitir a Jesucristo.

-Es el primer obispo en 300 años...

-Eso son estadísticas, que me parece bien que sea el primero en 300 años, pero yo creo que eso es también un signo de la fe de nuestro pueblo, que es capaz de que en Elche salgan sacerdotes, y algunos de ellos sean obispos. Ojalá salgan muchos sacerdotes de nuestro pueblo. Pero el ser obispo no es un premio que dan, no es un galardón, no es como otras cosas. Es un don del Señor para servir en su iglesia en un lugar determinado.

-¿Qué se lleva de Elche?

-Me llevo recuerdos bonitos, me llevo de todo. De la parte de celebraciones: la intensidad de la Semana Santa en la basílica, maravillosa; el Misteri, qué voy a decir, para mí es extraordinario, lo conozco desde niño, lo he estudiado después por gusto y ahora lo he celebrado y lo he vivido; el Corpus, otra gozada. La basílica yo la he vivido a gusto. Después sus actividades: la formación de adultos; los niños de catequesis; Cáritas, que la hemos potenciado con nuevos proyectos. Todo, para mí, ha sido un placer. Un gusto poder servir a esta iglesia así. Todo eso lo llevo en el corazón y quedan muchas ilusiones que estaban puestas en marcha, y yo digo, pues que el Señor, si son buenas, él hará que se cumplan. Si eran ilusiones mías pues se quedarán como eso, como ilusiones, como proyectos que quedan frustrados. Pero muchas cosas irán adelante.

-¿Cómo se plantea trabajar en Menorca?

-Mi objetivo, primero, es ponerme al lado de aquella gente. Yo tengo que caminar con esta iglesia. Yo tengo un paso y camino de una manera, ellos caminan de otra. Yo tengo que ponerme a su paso, conocerles, ver cuál es la situación en la que están, qué necesidades tienen y cómo poderlo hacer. Con una orientación clara hay que servir al hombre de nuestro tiempo y hay que trasmitir a Jesucristo.

Temas