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La corona celestial desciende sobre la Virgen, en la culminación del Misteri, ayer. / MATÍAS SEGARRA

La Coronación emociona en noviembre

  • Los dos actos del Misteri, con las puertas de Santa María abiertas, culminan unas brillantes representaciones

  • El público abarrota la Basílica y sigue en absoluto silencio la escenificación, con los cantores de nuevo a un gran nivel

Como no podía ser menos, el cuarto día de las representaciones otoñales del Misteri constituyó la guinda a estas sesiones extraordinarias que pese a salirse del contexto de las tradicionales de agosto, han constituido un rotundo éxito en todos los sentidos, como así lo han confirmado cuantas personas se han implicado en este maravilloso evento.

En esta ocasión se inició con el primer acto, la Vespra, por la mañana, en que el templo de Santa María registró un lleno absoluto, con las puertas abiertas, y sin embargo con una extrema atención en el interior, sin ruidos que pudieran ocasionar cualquier menoscabo a la representación. Entre los invitados, las directoras generales de Formación Profesional, Marina Sánchez, y de Turismo, Raquel Huete; el director de cine y académico de la lengua Manuel Gutiérrez Aragón; escritor, dramaturgo y cineasta ilicitano Vicente Molina Foix, y el obispo de la diócesis, Jesús Murgui, entre otras personalidades.

En los papeles importantes, Adrián Cuenca, en María Mayor, y Eduardo Gómez, como todas las representaciones, interpretó el Ángel Mayor. En el Apostolado, José Manuel Guinot, con un San Juan sensacional; el reverendo Fernando Brotóns, como todos los días, encarnó a San Pedro; el Ternari, con Javier Piñol, Pepe Guilabert y José Antonio Román, y Santo Tomás, fabuloso de nuevo, Antonio Caballero, con un «Mare de Déu!» que nos recordó al llorado Antonio Orts.

En esta ocasión, una actuación doble del Araceli -algo que no sucede en las representaciones extraordinarias-, para recoger el alma de la Virgen, en el primer acto y bajarla y ascender con la Mare de Déu en la culminación de la representación, con una coronación que resultó apoteósica y emocionante. Toda la representación en ambos actos, a gran altura, evidenciando una vez más el estupendo momento porque atraviesa la Capella y Escolanía. El público, tanto el que se encontraba en el interior del templo, como la gente que se agolpaba ante las puertas abiertas, con fuertes aplausos y profusión de «¡vivas!».

Antes de iniciarse la representación, el arcipreste de Santa María, Francisco Conesa, recién nombrado obispo de Menorca, con manifiesta emoción, recordó sus tres años de privilegio al frente del primer templo de la ciudad, con la suerte de haber disfrutado de 14 ensayos generales y cuatro representaciones, y con la invocación de que «la que vino por el mar me acompañe en mi travesía a Menorca». Emocionadas palabras que fueron rubricadas con un fuerte aplauso.

Procesión

Al finalizar el primer acto, por la mañana, se llevó a cabo la solemne procesión, por el itinerario de costumbre en el centro histórico de la ciudad, que se encontraba cubierto de gente que se agolpaba en las aceras, de punta a cabo del recorrido.

Los cantores iban entonando, en diversos tramos, el salmo 'In exitu Israel de Egipto', al tiempo que se iban disparando tracas en el recorrido, y particularmente una fortísima cohetada al ir a cruzar la imagen el arco del Ayuntamiento, desde la pasarela.