Las Provincias

El tarquín y la boria. Un calendario de José Luis Zerón

El vuelo en la jaula' es un poemario de José Luis Zerón Huguet publicado en 2004 por la Cátedra Arzobispo Loazes. Manuel García Pérez, en la Introducción, analiza profunda y rigurosamente el libro. En estos renglones que siguen se intenta resaltar el vínculo existente entre el paisaje difuminado que va apareciendo por entre los versos de los poemas y el paisaje real por donde discurre el calendario del poeta.

El hilo conductor de 'El vuelo' es el tiempo, su devenir. El autor vuela en el tiempo, prisionero precisamente del paso del tiempo circular en el que discurre la vida. El poemario se ordena en torno a cinco apartados. El último de ellos, Ouroboros, resume la esencia más íntima del conjunto, el paso del tiempo, el tiempo que se devora a sí mismo, o que se alimenta a sí mismo. Ouroboros, término que deriva de dos palabras griegas que significan cola y alimento, es un símbolo que muestra un animal serpentiforme que se muerde su apéndice caudal, definiendo una forma circular. Simboliza el ciclo eterno de las cosas, el esfuerzo eternamente inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de lo que se haga para impedirlo. Representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno, el mito de Sísifo. Podemos intuir en el ouroboros el calendario, la agricultura, la vida sustentada en la muerte, los ritos de muerte y resurrección.

Ouroboros contiene doce poemas, las doce hojas del calendario, agrupadas en las preceptivas y cíclicas estaciones. Zerón, más como un 'flâneur' a la manera de Baudelaire que como un 'runner' a lo Withman, pasea lentamente por la ciudad, observa y sobre todo siente con su inmensa sensibilidad, pasea por sobre el río, por la sierra, por la playa, por la huerta que cada vez más se parece a un paisaje semidestruido pintado por Francis Bacon. Pero sobre todo medita delante del paisaje en que lo rural y lo urbano se encuentran. Y formula observaciones, versos libres, que lo mantienen entre una cierta esperanza, dentro de un cierto franciscanismo, y una clara desesperanza que lo atenaza ante las ruinas que contempla, una ruinas que provoca el hombre y el ineluctable paso del tiempo.

Estos paseos, estas miradas del poeta, se sitúan, se anotan en su cuaderno, en bastantes ocasiones, con palabras del lenguaje cotidiano. Destacaremos dos términos: el tarquín y la boria. El tarquín aparece pronto en el calendario: en invierno, quizá enero, quien mire entre la niebla, advierte el poeta, que lleve cuidado con el abismo inmediato, que en su fondo sólo hay «tarquín de silencio». El tarquín es un elemento referencial de la comarca, es el suelo de la misma, por su origen palustre. Un elemento horizontal, permanente, básico, estable, salvo en su superficie húmeda. La boria emerge ya en la primavera, en abril, que aporta «lluvia, suave mantra, segregaciones de un alba aún confusa entre la boria». La boria es un elemento inseguro, inestable, ocasional, difuminado, del entorno. Un nombre de clara raigambre valenciana, que ha quedado enganchado desde hace siglos, entre las hierbas y los árboles de la huerta, como una emanación del tarquín húmedo del que procedemos. Y entre el tarquín y la boria, entre la naturaleza y el trabajo, la huerta en primavera: «Olisquean las moscas en las llagas de las anémonas, margaritas silvestres crecen en las cunetas; con la flor de la patata llegó la claridad matinal a los bancales. Los tiernos brotes musitan la inmensidad. ¡Cuánto infinito en cada gota de rocío!» La creación huertana, claras reminiscencias hernandianas, es recompuesta, pese a todas las amenazas y a todos los tedios, por la calidad poética de Zerón.

Detengámonos en las definiciones. Tarquín: nombre que deriva del árabe hispano tarkim, y éste del árabe clásico tarkim: «amontonamiento». «Légamo que las aguas estancadas depositan en el fondo, o las avenidas de un río, en los campos que inundan». ¿Y boria? Hay que ir a boira. En valenciano remite a niebla. Pero en la comarca este elemento es boria, así. Niebla: del latín nebula, nube muy baja, que dificulta la visión según la concentración de las gotas que la forman. ¿Y en valenciano? Boira: una extensió més o menys gran d'aire que porta en suspensió partícules xicotetes d'aigua provinents de la condensació del vapor d'aigua de l'atmosfera, especialmente quan forma una capa extensa tocant a terra i reduint la visibilitat.

El tarquín del invierno y la boria de la primavera. ¿Y el verano y el otoño zeronianos? Recorriendo sus versos Agosto es el «mes de las sequías», percibidas a través de los ojos de la siesta. Avispas que rondan alrededor de uvas maduras, cigarras en los troncos, moscas que zumban en las chumberas, piedras que arden. Y el otoño es «hundir el rostro en las entrañas de una luna que asciende chorreante, luna de cosecha con aroma de promisión». Y concluye que «cuando los campesinos dejan de adorar al sol y diciembre olvida su región más yerta en las verjas doradas del crepúsculo yo permanezco recostado en la hierba».

Me encontré con José Luis el día 2 de junio del presente año. Venía yo de Códex e iba hacia Onda Gráfica, enredando para publicar un libro sobre Orihuela. Por la esquina de la Lonja remozada y enfrente de la sencilla y serena portada de la iglesita del convento de las monjas de San Sebastián. Muy cerca de donde estuvo la fuente del Chorro y por donde pasa una acequia secreta. Hablamos un poco de sus trabajos literarios. Le dije que estaba releyendo 'El vuelo' y que por sus páginas, veía desfilar, de alguna manera, la ciudad, la huerta, el río, la sierra. Le pregunté si era así y me dijo que así era. Hablamos de la boria y del tarquín, elementos característicos del paisaje de nuestra comarca. Y sobre la belleza de la flor de la patata, colores blancos, malvas, amarillos, sobre ordenado fondo verde oscuro. Y sobre el panorama desde el puente. Antes de separarnos me dijo que había una errata monumental en el libro. Errata que he buscado sin éxito. Cuando me encuentre de nuevo al poeta le pediré que me ayude a buscarla.