Las Provincias

Pasos de misericordia

El Cristo de Zalamea, último crucificado del cortejo, seguido por San Pedro y María Magdalena.
El Cristo de Zalamea, último crucificado del cortejo, seguido por San Pedro y María Magdalena. / M. B.
  • La Semana Santa saca a todos sus crucificados para cerrar el Año Jubilar de la Catedral

Aunque han sido muchos los actos de cofradías, hermandades y mayordomías de la Semana Santa oriolana para celebrar el Año Jubilar de la Misericordia en la Catedral, la Junta Mayor junto con todas las agrupaciones pasionales puso ayer el colofón a esta conmemoración sacando a la calle a la todos los cristos crucificados que salieron en procesión de manera extraordinaria fuera de la Semana Santa y en conjunto. Desde primera hora de la tarde sonó la música que devolvió a la última tarde antes del cambio al horario de invierno la luz de los miércoles santos en San Francisco, cuando el Cristo de la Agonía, a hombros de sus costaleras, cruzó el umbral de la iglesia de Santa Ana para iniciar el recorrido. Lo hizo solo, sin San Juan y la Dolorosa y sin Nuestro Padre Jesús, pero tampoco se recogió en Monserrate como tiene por costumbre, allí se le incorporó el Cristo de la Buena Marte, y camino hacia el centro de la ciudad hizo lo propio, el Santiago, El Cristo del Consuelo de la Hermandad del Silencio, el más raro de ver a plena luz del día.

La comitiva creció conforme avanzó el cortejo. En la puerta del Ayuntamiento se incorporaron los concejales con una banda de música que aguardaba el momento, y la Corporación fue dejando paso, primero al Cristo de las Santas Mujeres, en el arranque de la Calle Mayor, luego al del Calvario en la Plaza del Salvador y más tarde, en la Plaza de la Soledad y por detrás del estandarte de la Junta Mayor, portado por Jesús Zerón, Abanderado del 2016, entraron las banderas de las cofradías y hermandades que no aportaron imágenes (Centuria Romana de Nuestro Padre Jesús, Resurrección, Azotes, Prendimiento, la Cena y el Ecce Homo) así como el último de los crucificados, el Cristo de Zalamea, que llegó desde su sede en la calle San Juan. La Junta Mayor y su consiliario decidieron que por tratarse de la misericordia se debía contar con otras dos imágenes que la encarnan igual que la de Cristo en la Cruz, la de San Pedro Arrepentido de la Cofradía del Lavatorio y la de María Magdalena de La Samaritana «como símbolos de que Dios ama y perdona» aseguró el consiliario, José Antonio Moya.

Con la procesión completa el cortejo hizo la última parte del trayecto por la calle Loazes en dirección a la Glorieta, donde ya casi de noche tuvo lugar la misa de campaña que presidió el obispo de la diócesis, Jesús Murgui, acompañado de numerosos sacerdotes que no quisieron perderse este acto.

La celebración religiosa contó con la participación también de los dos grupos de Cantores de La Pasión y Cantores de la Pasión Federico Rogel, y las sillas que se instalaron en la Glorieta fueron insuficientes para la gran cantidad de personas que acompañó la procesión, a las que se sumaron aquellas que la esperaban en la céntrica plaza.