Las Provincias

A Dios rogando...

Y con el mazo dando. Así se completa este refrán que viene a significar que es aceptable en momentos difíciles recurrir a la Providencia, pero, no por ello, debemos dejar de seguir poniendo de nuestra parte todos los esfuerzos posibles para conseguir lo que nos embarga. En muchos momentos de la historia, ante lo imponderable, la única posibilidad que les quedaba a los humanos en esas situaciones, era recurrir a la intercesión divina mediante actos públicos para lograr el remedio de que aquello que afligía a una población. Así, llegaríamos a la rogativa, en el sentido que determina el 'Diccionario de Autoridades', que elaboró la Real Academia Española, entre los años 1726 y 1739.

Ejemplos claros que conocemos de esto último, en Orihuela, se han dado durante todos los siglos, a veces recurriendo a imágenes de Jesús o de María, o bien buscando la intercesión de algunos santos. De esta forma, son numerosas las rogativas con Nuestro Padre Jesús Nazareno por sequía o por lluvia; de la Virgen de Monserrate ante las acometidas del río Segura, así como por plagas y epidemias. De igual forma, tal como manifiesta el franciscano Agustín Nieto, también se acudía a imágenes marianas con otras advocaciones por sequías, como las de la Virgen del Socorro de los dominicos o la de Nuestra Señora de Gracia de los agustinos por temor a inundaciones. Por otro lado, se apelaba a los ancestrales patrones contra la peste, San Roque, San Sebastián y, San Abdón y San Senén, uniéndoseles después San Pablo, y contra las crecidas del río, San Gregorio Taumaturgo del convento de los franciscanos descalzos o alcantarinos.

Pero no sólo se organizaban estas manifestaciones públicas ante la amenaza de calamidades, sino que también se promovían para rogar por la salud de reyes o reinas, como sucedió con Isabel la Católica intercediendo a través de la imagen de la Virgen de Monserrate. De igual manera, también se efectuaban como agradecimiento por victorias de guerra, para lo que, en algún momento se organizaron rogativas con la imagen agustina de Nuestra Señora de Gracia de los agustinos y con la trinitaria de la Virgen del Remedio. Tenemos noticia de una peregrinación con las imágenes de Nuestro Padre Jesús, Nuestra Señora de Monserrate y San Francisco para que cesase la Gran Guerra. Recordemos, que ésta, se había iniciado el 28 de julio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918, al pedir Alemania el armisticio, firmándose un año después el Tratado de Versalles. España, que estaba gobernada por el conservador Eduardo Dato, desde el principio se mantuvo estrictamente neutral, lo que es posible que después le acarreara consecuencias económicas, sociales y políticas que derivaron en una crisis del sistema restaurador, que concluyó con la dictadura del general Primo de Rivera.

En el ecuador de la Segunda Guerra Mundial, por iniciativa de la V.O.T. de San Francisco y Mayordomía de Nuestro Padre Jesús, el 29 de octubre de 1916, se celebró con las imágenes citadas una peregrinación, en el más sentido estricto de rogativa, para suplicar al Altísimo el cese de la guerra. En 'La Vega', se publicó el 'Himno de la Peregrinación', que se iniciaba así: «A Jesús nuestro Padre amoroso/ entonemos mil himnos de amor,/ por su Madre la Virgen María/ de la Paz nos conceda el favor./ Por la Augusta Reina de los Ángeles/ y el llagado de Asís Serafín/ perdonad a Europa y al mundo/ y la guerra tenga pronto fin».

Para participar en dicha peregrinación, desde Alicante por tren arribaron 1.910 peregrinos, acompañados por la Banda de Música de los Niños Salesianos, en un convoy compuesto por 10 coches de segunda y 20 de tercera. A los procedentes desde la capital de la provincia, hubo que sumar los que llegaron desde Murcia, Elche, Torrevieja, Callosa, Redován, Granja de Rocamora, Cox, Bigastro, Rafal, Jacarilla, Benejúzar, Beniel, que acompañaron a gran cantidad de gentes de la ciudad y pedanías.

Después de acceder los peregrinos a la iglesia de Santa Ana, se celebró una misa de comunión general oficiada por el obispo de Murcia, Vicente Alonso Salgado. Tras ello fueron trasladadas las imágenes de Nuestro Padre Jesús y de San Francisco al Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, para la procesión que se celebró por la tarde, que fue presidida por el obispo Ramón Plaza y Blanco, acompañado por el Cabildo Catedral, el Excelentísimo Ayuntamiento bajo mazas y entidades y asociaciones oriolanas. A las tres de la tarde se inició dicha procesión, participando los fieles de cuatro en fondo, llevando el siguiente itinerario: Plaza de Monserrate, calle de Abajo, Hospital, Plaza del Carmen, Santa Justa, Plaza de Abastos, Feria, Santa Lucía, Paseo de Sagasta, Príncipe de Vergara, Alfonso XIII, Soledad, Mayor, Ángel, Plaza de Abastos, Santa Justa, Santiago, Plaza de Monserrate, Capuchinos y Convento de San Francisco. Al llegar a la iglesia de Monserrate, se rezó la Salve y se predicó un fervorín a cargo de un franciscano, y el obispo oriolano revestido de pontifical dio la Bendición Papal. La procesión iba encabezada por el estandarte de la Santa Cruz de la Agonía y el pendón principal fue portado por el presidente del Casino Orcelitano, Alejandro Roca de Togores, actuando de preste fray Juan Pagazartundua, provincial de los franciscanos. En la procesión participaron, además de la citada banda de música alicantina, las de Alquerías y Orihuela.

La prensa local se deshizo en palabras reconociendo el éxito alcanzado, y mostraba la actitud de los fieles, en términos como éste: «Vimos llorar a hombres que creíamos duros, como piedras, vimos encenderse el rostro de gente que juzgábamos fría como el mármol». En 'Ciudadanía' se recogía la manifestación de un huertano que dijo: «pedir hagora que están junticos la Maere y el Hijo, to lo que queráis porque si hagora no lo conseguís, no lo conseguiréis en la vida».

A mí, sólo me queda añadir, que así sea. Pero la dichosa guerra duró dos años más