Las Provincias

CRÍTICA DE CINE

OBSESIÓN E INFIDELIDAD

La novela de Paula Hawkins, un 'best seller' que en poco tiempo consiguió situarse en primera línea de ventas en las librerías de todo el mundo, ha sido rápidamente adaptada al cine, a partir de un guión de Erin Gressida Wilson y la dirección de Tate Taylor, conocido por su película 'Criadas y señoras'.

Una mujer divorciada, sin empleo y alcohólica, pasa sus horas viajando en un tren de cercanías, dibuja las personas con las que se tropieza y observa, desde la ventanilla del vagón, todo lo que pasa a lo largo del recorrido del ferrocarril. Como una viajera indiscreta, le llama la atención la actitud de una pareja en una terraza y, a partir de aquí, la trama se adentra en una inquieta película de suspense que el realizador distorsiona a base de diversos 'flashbacks' y sucesivos retrocesos en el tiempo.

Con ello, construye un rompecabezas que desorienta bastante al espectador. Éste espera con paciencia e inquietud que se aclare el misterio de cada personaje. Por un lado, un matrimonio y una hija, aparentemente felices. Una niñera, vecina de la pareja, que acude a sesiones terapéuticas y que manifiesta cierta afinidad a las relaciones sexuales. Y, por último, esta improvisada pasajera sin trabajo, obsesionada por su divorcio y falta de cariño que, continuamente, curiosea la casa del matrimonio, llegando a penetrar en el hogar y apropiarse por unos instantes de la niña.

El crucigrama de suspense, al que conduce el relato, se diluye en el momento en que sabemos que se ha cometido un crimen y empieza nuestra viajera a convertirse en investigadora del crimen. A partir de aquí, la historia toma fuerza y, aunque finalmente no nos encontramos ante una resolución original, por lo menos vamos configurando la situación de cada personaje en sus obsesiones, infidelidades, maltrato que han padecido y que nada es lo que parece.

La atmósfera de oscuridad que mantiene la historia es contundente y eficaz, resultando fiel a los planteamientos novelísticos de la autora de la novela. Sin embargo, cansan un poco esos sucesivos retrocesos a los que nos somete Tate Taylor. Siendo más breves le hubieran hecho un favor a la comprensión de la versión novelística.

Lo mejor de esta película es la interpretación de Emily Blunt, incorpora a Rachel, esa chica del tren adicta al alcohol, obsesionada con su divorcio, enterándose tarde que ha vivido engañada por su marido, un hombre infiel que la ha perturbado a tal extremo que la ha hecho responsable de su ruptura matrimonial.