Las Provincias

Rescatar la ciudad histórica para salvar la memoria

La Orihuela histórica duerme a la espera de un gobierno local capaz de reconocer su valor, más allá de declaraciones grandilocuentes o manifestaciones de deseos ambiciosos y alejados de la realidad. Tras décadas de inacción política, los barrios que abrazan el monte de San Miguel, antes centrales, se han convertido en periferia. En un proceso largo y triste hemos visto cómo languidecía la vida de las calles que desembocan en la roca caliza; se degradaban sus casas humildes, ahora símbolo de un estilo de vida popular casi desaparecido; muchos comercios tradicionales bajaban sus persianas, e incluso se abandonaban -y hasta demolían- algunos palacios e iglesias que relataban una época dorada en la que Orihuela centralizaba gran cantidad de poder político y religioso.

El discurso que a menudo escuchamos de los políticos cuando hablan del patrimonio degradado es, a mi juicio, parcial, equívoco y peligroso. Se refieren a él en términos casi exclusivamente mercantilistas, enfatizando que Orihuela ha perdido la oportunidad de convertirse en un producto turístico que vender al exterior. Se olvidan de dos cuestiones fundamentales. La primera es el motivo por el cual a los oriolanos nos duele pasear por calles sucias con fachadas destartaladas cuando nos escapamos unos pasos del circuito oficial: el centro es la parte de la ciudad que más siglos de historia acumula, y como tal, es un símbolo colectivo de nuestra memoria, define nuestro pasado y nuestro presente, y dota de identidad a nuestro pueblo. Por ello, dejar que muera equivale a destruir el corazón de la ciudad, y hace que se tambalee nuestro sentido de arraigo. El resultado es la falta de orgullo y el desconocimiento que muchos ciudadanos tienen de su valor. La segunda es que, lamentablemente, la degradación a la que se ha sometido el casco antiguo no ha tenido consecuencias sólo físicas, sino que ha acarreado preocupantes transformaciones sociales. Algunos barrios humildes y populares han sufrido un grave proceso de empobrecimiento estructural. La falta de inversión pública, junto con el envejecimiento o éxodo de la población hacia el nuevo centro, ha contribuido a empeorar la calidad de vida de muchas familias, ahora en riesgo de exclusión, que no pueden ser invisibilizadas en ninguna estrategia que se pretenda poner en marcha.

Por ello, además de contar con expertos en patrimonio que dirijan una intervención respetuosa con el valor cultural de los monumentos, la dimensión social debe ser un eje fundamental de cualquier acción política para reactivar el centro histórico. La estrategia debe ser producto de un proceso participativo amplio, que nos permita reconciliarnos con nuestro pasado, disfrutar de un espacio en el que volcar nuestras inquietudes con respecto al futuro, y construir un proyecto colectivo con el que nos podamos sentir identificados. Un proyecto que no sea propiedad de los políticos de turno, sino que pertenezca a todo el pueblo de Orihuela.

Convertir el centro en un lugar más atractivo para los turistas es deseable, pero debe ser consecuencia de la promoción de su contenido popular y tradicional. Para ello cualquier intervención debe ser inclusiva, mejorar las condiciones de vida de los que están y atraer a los que faltan con medidas que incentiven la rehabilitación y el alquiler de viviendas y locales comerciales. Recuperar la ciudad histórica no consiste sólo en recuperar edificios singulares, también la vida entre los edificios. Si no, corremos el riesgo de gastar demasiado dinero en fabricar un escaparate turístico que esconda la desigualdad, en el que la subida de precios y la 'homogeneización' asociadas a este tipo de procesos expulsen a la población local y desplacen al comercio de proximidad.

Hace pocas semanas recibimos con agrado y preocupación la noticia de que el Ayuntamiento ha recibido una subvención de diez millones de euros -que tendrán que ser compensados con otros diez de las arcas municipales- para inversión en el casco antiguo. Agrado, porque necesitamos recursos para poder cambiar las cosas. Preocupación, porque sabemos que disponer de una gran cantidad de dinero público no es garantía de que el proyecto que se ejecute sea beneficioso. Si hay algo que ha puesto de manifiesto el tándem PP-C's durante casi año y medio de mandato es que el gobierno no parece tener una hoja de ruta clara con respecto al patrimonio. A veces, de hecho, ni siquiera parecen tener los pies sobre la tierra. En estas condiciones, el dinero podría concentrarse en unas cuantas manos y un par de proyectos -sin duda necesarios, pero no suficientes- y resolver alguna cuestión a corto plazo, pero no acabar con el problema, que no tiene que ver con los edificios, sino con las personas.

Frente a esto, desde Cambiemos Orihuela hemos articulado una propuesta en forma de moción que debatiremos en el Pleno. En ella detallamos una batería de medidas transversales para la redacción de un plan de recuperación desde un punto de vista sostenible económica y socialmente. Intentaremos que el resto de grupos apoyen una propuesta abierta, que se plantea como un proceso de cambio vivo en el que intervengan expertos y ciudadanos para desarrollar una estrategia que rescate el centro histórico, salve nuestra memoria y, sobre todo, recupere la vida de las calles para que el corazón de nuestra ciudad nunca deje de latir.