Las Provincias

José Antonio Muñoz Grau frente al Colegio Jesús María de la calle San Agustín, en cuyo entorno se sucede parte de la novela.
José Antonio Muñoz Grau frente al Colegio Jesús María de la calle San Agustín, en cuyo entorno se sucede parte de la novela. / Alberto Aragón

«Quiero contribuir a hacer memoria, pero Orihuela es una ciudad muy complicada»

  • José Antonio Muñoz Grau

  • aestro y escritor, autor de 'Pincelito'

  • «Aquí hay gente que ayudó a otras personas. No es el caso de Pincelito, él era un sicario que cobraba por lo que hacía»

A José Antonio Muñoz Grau (Orihuela, 1953), la vida le ha dado una prórroga, como él mismo dice. Tras superar una grave enfermedad que le hizo escribir parte de su primera novela enganchado al gotero de la quimio, ahora disfruta de viaje por toda España, y en las próximas semanas por la Vega Baja, promocionando la segunda, editada por Áltera. Un libro que le acompaña a esta entrevista como si fuera una criatura. No lo suelta y lo protege de las pocas gotas de lluvia que se esparcen por un enclave que fue vital y mortal para su protagonista: Pincelito. Con la fachada del Colegio Jesús María de la calle San Agustín de fondo, el escritor explica que allí estaba la cárcel en la época en la que se ambienta la novela, enfrente el bar de UGT y donde ahora se sirven cafés en la terraza de la Plaza de San Sebastián, el prostíbulo. Más adelante, en la ahora Avenida de España, que para la calle José Antonio sí que llegó la Ley de Memoria Histórica, señala el lugar donde Vicente Velasco Cases 'Pincelito' firmó su sentencia de muerte cuando atacó a uno de los suyos, a un afiliado como él al Partido Comunista.

-¿Cómo llegó Pincelito a su vida?

- Investigando el tema de la anterior novela, la de Paco Ros, me llegó documentación de Méjico, de Santos Escarabajal. Sentí curiosidad y cuando acabé 'Un republicano en Orihuela del Señor' conseguí un documento de una periodista de Gerona que en 1995 hizo un trabajo de investigación sobre un preso que hubo allí... Me pareció tan increíble que decidí ponerme a investigar.

- ¿No conocía de nada a Vicente Velasco Cases?

- No. Había oído las cosas de los mayores. De esas cosas que hablaban. Pincelito era una especie de hombre del saco. Recuerdo de pequeño, que mi abuelo lo mencionaba. Cuando llegó la documentación fue cuando me planteé que detrás había una historia. Pero al tener lo de Gerona, me pareció tan increíble lo que este hombre intentó al final de su vida que pensé que había que contarlo. Fue entonces cuando empecé a llamar a gente que me había hablado de él, gente que estaba en Francia como Manuela, que se murió a los quince días de la entrevista que le hice. A sus 94 años tenía una lucidez espectacular y durante dos horas me fue contando lo que ella recordaba, porque vio cómo se llevaban a la gente de Redován. Después contacté con la familia, con alguien de Callosa y con personas de Orihuela que me contaron historias. Era una historia espectacular, era un personaje espectacular que daba para una novela.

- ¿Todos los personajes que aparecen en el libro son reales?

- Prácticamente todos. Hay muchos crímenes de este hombre que no los cuento, porque es una novela, no es algo documental, pero los que he contado tienen un trasfondo durísimo y muy humano. Por ejemplo la historia del fraile Juanito de Gata. Yo había oído hablar de él, de que era un hombre muy pequeñito, e imaginarme que se lo llevaron a las putas... Me pareció increíble. O lo que pasó en Molins, que pusieron al Cristo a la orilla del río con una caña de pescar. Son cosas que escogí por lo que tenían de anécdota y de diferencia con los demás crímenes.

- ¿El resto eran crímenes y punto?

- SI. Lo de Paco Die, el alcalde de la República de Orihuela, un hombre al que quería todo el mundo. A él no lo tenían preso en Jesús María, lo tenían escondido para que no le pasara nada. Estaban más seguros en la cárcel en aquellos momentos que fuera. En Orihuela no se quiso matar a nadie, de hecho hay un libro homenaje de los Padres Franciscanos a Paco Oltra, el alcalde socialista, porque los salvó a todos. Hay muchos héroes anónimos cuya historia no se contó porque al llegar el régimen se dedicó a magnificar el daño que hizo la izquierda, pero hay gente que hizo cosas. En el caso de Pincelito no. Él era un sicario. Era un hombre que cobraba, y además le pagaba. Miguel Navarro, que fue el que abrió la puerta de Jesús Marría para que sacaran a los frailes y cobró 10 pesetas por hacerlo. Todo funcionaba así.

- Pero Pincelito no tenía intención de dedicarse a matar. Todo llega cuando a él casi lo matan.

- Él se convirtió. Lo que es extraño es que El Tremendo, que era el que cortaba el bacalao en 1933 en Benejúzar, le llega a tener miedo a Pincelito. Varias personas me han contado la paliza del Teatro Circo, y hasta uno que era escéptico con que hubiera pasado me llamó el otro día y me dijo que sí, que había sido así y que además coincidió con la representación de 'Las Leandras'.

- El llegar a una función y acabar apaleado debe marcar.

- Toda su parte final estuvo marcada por eso. Además, en aquella época no era como ahora. Aquí solo estaba el Teatro Circo y cuando venían compañías como la de Celia Gámez el teatro se llenaba con toda la huerta, con gente de pedanías, de los pueblos...

- En el libro también cuenta que él tiene momentos de odiar a quienes lo hicieron así, de tener compasión con algunas personas, como las de Benejúzar... Es un matón, pero también es una persona, ¿no?

- En Benejúzar tengo problemas para presentar el libro. Llamé al Ayuntamiento y me dijeron que no me preocupara que la concejal me llamaría. Dejé los datos no me llamó, el viernes envié toda la información por email. Pero es verdad que la papelería donde se vende me han dicho que lo venden como si fuera droga, por lo bajini. En Callosa no he tenido problemas, en ningún sitio los he tenido, y aquí si. ¿Por qué? Pues porque queda familia todavía. Pero en el pueblo a él se le recuerda de forma distinta a Orihuela. En Benejúzar se mató a tres personas y cuando Pincelito estaba en Madrid. Los propios suyos le tenían pánico y cuando se fue a Madrid mataron al cura, al sacristán y a un tal Leopoldo. La gente del pueblo en cierto modo le tiene un respeto. De todas formas el tratamiento que se le da en el libro es muy respetuoso. Yo podría estar sentado ahora tomando un café con Pincelito, porque lo trato con respeto en la novela.

- Tiene momentos de todo, cuando estaba con su familia...

- Gente cercana a la familia, porque con la familia no he podido hablar, me contó que él tuvo momentos de pasarlo muy mal. Cuando estuvo escondido en el cementerio tras escaparse del penal de Chinchilla, tuvo momentos de bajón. Tuvo momentos de querer estar con su familia, pero evidentemente si se entregaba lo fusilaban. De hecho estuvo a punto de pasar a Francia, pero se quedó en Barcelona precisamente porque tenía la esperanza de 'reciclarse' y poder volver a ver a sus hijos. O estar cerca de la frontera para poder llevar allí su mujer y pasar los dos. Eso era lo que él pretendía, pero también es verdad que le pudo la bragueta.

- ¿Cree que se pueden abrir viejas heridas?

- Creo que no, que sería absurdo. Las heridas se cierran curándolas y eso es hablando de ellas. Se curan haciendo memoria histórica. Una víctima tiene el derecho a olvidar y a olvidarse de todo porque ya ha sufrido bastante, pero el resto de personas que no lo hemos vivido tenemos la obligación. Más yo con la posibilidad de escribir o como maestro de enseñarlo, tenemos la obligación de hablar de estas cosas. Y los gobiernos también. Lo que pasa es que aquí no se hizo una transición sin memoria histórica incluida. Se hizo con 'palicos' y 'cañicas'. Pero hay que hacer la memoria historica de este país y asumir la parte pedagógica que tiene todo esto. Gente capaz de hacer barbaridades hay a la vuelta de la esquina, pero hay que hablar de eso y educar en la escuela para que se eviten por ejemplo, las agresiones a mujeres. Es una cuestión de educación. Si no se habla no se acaba, pero hay que hablarlo desde un punto de vista histórico, que la gente que no ha podido enterrar a sus muertos pueda hacerlo con dignidad y luego hablarlo, porque es historia. Hay gente que ha dejado de hablarme cuando se enteró que estaba escribiendo de esto.

- ¿La familia no ha querido hablar?

- Yo no he podido ponerme en contacto con ningún familiar, y eso que ha habido gente que lo ha intentado. Eso lo respeto, porque desde el respeto es desde donde debemos hacer memoria de muchas cosas que tenemos que ir afrontando. En la cabeza llevo hacer una novela sobre el campo de concentración de San Isidro. También llevo en la cabeza hacer una novela sobre Miguel Hernández, que no se ha hecho.

- Conforme avanza en una investigación, ¿encuentra cosas para abrir otras?

- Efectivamente. Me metí en el Archivo Histórico Municipal y saqué unos plenos del Ayuntamiento de 1932 preciosos. Quién sabe si dentro de 70 u 80 años lo que pasa ahora suscita la curiosidad de alguien y decide contarlo. No lo sabemos, pero estamos haciendo historia. Nos parece muy rutinario lo que hacemos, pero no lo es. Lo que pasó en 1932 en Orihuela es muy curioso. Estoy enganchado a esa historia y trabajando con ella. De alguna forma lo que quiero es contribuir a hacer memoria, y Orihuela es una ciudad muy complicada y hermética, donde incluso hemos enterrado a héroes. Enterramos a Paco Ros, que salvó la vida a mucha gente, o el alcalde socialista Paco Oltra, que salvó la vida a muchos franciscanos, que son los que han tenido que sacar un libro para agradecerlo. En cierto modo me siento en esa obligación.

- ¿Qué le ha costado más contar?

- El crimen de La Chola. Me costó muchas lágrimas ponerme a escribir aquello. Además con mi manera de escribir, que es creando imágenes. A las veinte páginas te encuentras con este crimen que es tremendo. Me tenía que bajar a la playa a coger aire porque me asfixiaba. Todo el capítulo de Redován es muy duro y luego la novela va tomando oxígeno. Ayer me contaban la historia de cuando trajeron a Pincelito a Orihuela, todo el paseo que le dieron. Una persona me decía que fue como lo de Jesucristo, pero yo entiendo todo ese odio, le pegaban patadas, le escupían, era lógico, aparte de que se preparó en los púlpitos.

-¿Y dónde se divirtió?

- En la historia del torero me divertí escribiendo cuando entra a la casa de putas y se encuentran cara a cara, como un toro y un torero. Disfruté recreando ese tipo de imágenes. Luego en la Plaza de Toros, toda la gente disfrutando el día de San Antón. Pero en los crímenes lo pasé mal porque soy una persona muy vehemente y muy apasionada a la hora de escribir.

- Ha llevado a Pincelito por toda España, de promoción.

- Se presentó en Alcázar de San Juan para toda Ciudad Real, en Mérida coincidiendo con el día en que Jorge Llopis, nuestro alicantino autor de teatro representaba 'Los Pelópidas'. Luego se presentó en León, en Soria y en Burgos, en distintas emisoras porque la editorial pensó que llegaba a más gente a través de una emisora de radio que en una sala cerrada.

-Y en esos lugares, ¿cómo se explica a la gente que en el libro aparecen personas «hasta los cojones de comer 'sebá' en vez de trigo» o de «levantar la horqueta para volar la paja»?

- En toda esa parte hay un homenaje a don José Guillén García, que fue director del Instituto Laboral y mi profesor de Literatura. Él tiene un libro que se llama 'El habla de Orihuela' que intenta recuperar ese habla antigua. Fui alumno suyo y él fue el primero que me dijo que podía escribir. De hecho con 17 años escribí un artículo sobre Miguel Hernández sin saber ni quién era. Intentó ponerle al Laboral Instituto Miguel Hernández, y como no lo dejaron desde Madrid se quedó sin nombre. Eso nos lo contó después, cuando pudo. Ahí hago un homenaje a mi profesor utilizando sus palabras. A la editorial le pareció muy curiosa la recuperación de 'trocicos' del habla de distintas partes de España. Pero por ahí eso no lo cuento porque no se enteran. La curiosidad que hay sobre Pincelito en toda España es porque no lo conocen a él, conocen a su hijo, el que violó a la niña -y después murió rociado con gasolina por la madre de la pequeña violada-. Cuando vas por ahí preguntan si tiene algo que ver, y llama mucho la atención.

-¿La próxima novela será también de la época de la República y la Guerra Civil?

- La próxima será una historia de amor en un ambiente muy duro, pero una historia de amor. Arranca en el año 1932 y la termino por el 2000. Saldrán cosas muy actuales como la recuperación del río, hay parte que se desarrollará en El Merancho. Se habría podido titular 'Orihuele', pero tiene otro titulo, evidentemente. Es una historia de amor en un ambiente de mucha corrupción y con mucha historia. La protagonista es La Rufa, una mujer espectacular que yo sí conocí y aunque ella me contó algo de su vida, luego la he ido conociendo a través de otra gente.