Las Provincias

Año 1822: punto de partida

Recuerdo hace ya bastantes años que viajábamos por Cantabria y nos acercamos a Reinosa para contemplar el nacimiento del Río Ebro. La sorpresa que nos llevamos fue de esas que no se olvidan en la vida. Todos creíamos que sería una cosa espectacular el nacimiento, conociendo la trayectoria del Río Ebro y cual fue nuestro asombro cuando contemplamos un simple agujero de donde salía un pequeño riachuelo. Os cuento esta anécdota a raíz de la celebración del Domund este fin de semana. Esta Jornada Mundial de las Misiones tiene su origen en 1822, cuando Paulina Jaricot siente la necesidad de salir de su pequeño mundo para ayudar a sus amigos misioneros que, desde la otra orilla, le piden ayuda. Lo que empezó como respuesta solidaria de un pequeño grupo de personas cercanas, se convirtió en una corriente de caridad en la que la Iglesia entera se siente implicada. Así actúa Dios y esas son sus maneras de actuar. De una cuna, en un pesebre, empieza la Encarnación. De un madero nace la Redención. El Río Ebro nace pequeño y se hace el más caudaloso de los ríos. Empieza por una mínima expresión de agua.

El Papa Francisco continuamente nos invita a salir al encuentro del otro. Quiere una Iglesia en salida. Alguien definió el mundo actual diciendo que «nunca se corrió tan deprisa hacia ninguna parte». No ocurre en la misión ni puede serlo en la vida de un cristiano. La meta está clara. El destino es llevar la Buena Noticia de la ternura y del amor de Dios a los hombres. El camino lo sabemos. El dinero que aportamos en la colecta del Domund es una limosna anónima y generosa que, según el deseo de los papas y la intención de los donantes, solo puede tener como destino la ayuda a todas las misiones a través de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Nuestra parroquia aportó la cantidad de 5.000 euros para esta finalidad y el total de la Diócesis fue de 221.930,85 euros, haciendo un total en toda España de 14.948.030,99. Como observáis «A Dios rogando y con el mazo dando» como dice nuestro refranero, o también «obras son amores y no buenas razones». Un abrazo.