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Miguel Molina, que el sábado recitará composiciones del autor oriolano en el Teatro Circo.
Miguel Molina, que el sábado recitará composiciones del autor oriolano en el Teatro Circo. / R. A.

«Miguel Hernández fue un ángel al que le cortaron las alas»

  • Miguel Molina

  • actor

  • El actor representará 'De Miguel a Miguel' el sábado a las 21 horas en el Teatro Circo de Orihuela por el 75 aniversario de la muerte del poeta

Gran conocedor desde niño de la obra del poeta oriolano, Miguel Molina siempre se refiere a él como don Miguel Hernández para mostrar su admiración por un hombre que, según asegura, reunía la cualidades que debería tener el ser humano: amor, esperanza, buen hacer y valentía.

-¿ Cómo se cruzó Miguel Hernández en su camino?

-Tuve la suerte de tener un padre que me inició desde pequeño en la lectura de la poesía de Don Miguel. Fue él quien me lo presentó, y me hablaba de él como si fuera un amigo, como si estuviera vivo. Mi padre me lo declamaba y luego me decía que no contara en el colegio aquellas lecturas porque a finales de los años 60 eso te podía suponer un problema.

-¿ Qué huella le ha dejado?

- Admiro su capacidad de amar. Fue un ser humano lleno de amor, pero un amor no correspondido. Tuvo muchas cosas en contra en la vida, sobre todo la deshumanización del ser. Me ha dejado además la huella de unos valores que se están perdiendo pero que yo sigo sintiendo muy vivos. Y también su autenticidad. Lágrimas, sonrisas y esperanza en el corazón. Claves, en definitiva, de cómo debería ser el ser humano. Don Miguel Hernández es una de las almas más puras que han existido y llevó esa pureza a su poesía. Llega por su sencillez, no se anda con recodos o rincones oscuros. Su poesía es una hostia en toda la frente. Si no te enteras de lo que está diciendo es porque no quieres. Tuvo la valentía de llamar a las cosas por su nombre. Y por todo eso sigue alrededor de mí.

-Esa autenticidad le causó mucho sufrimiento...

-Sí. A pesar de que su mujer, sus hijos, su familia, era lo que más amaba, no pudo, por ejemplo, conocer a su hijo Manolillo. Y casi no conoce tampoco a su segundo hijo. Cuando se estaba muriendo, el caudillo dio orden de sacarlo de la cárcel para que se muriera en su casa y evitar que ocurriera lo que pasó con Lorca. Así pudo conocer a su hijo y, lejos de morirse en casa, se empezó a recuperar. Pero entonces, cuando vieron que no se moría, lo volvieron a meter en la cárcel. Y a pesar del sufrimiento, volvió a demostrar su capacidad para aceptar las cosas, para seguir escribiendo y seguir siendo una buena persona. En cada nueva trampa de la vida revalidaba sus palabras. Fue un ser muy especial. Un ángel a quien cortaron las alas y lo dejaron aquí.

-¿ Cómo se gestó 'De Miguel a Miguel'?

-Con motivo del centenario del nacimiento del poeta nos contrataron para representar la obra 'Miguel, canto y vuelo' que se estrenó en Alicante. Pero no estaba muy de acuerdo con el planteamiento. Se le daba demasiado protagonismo a los efectos y a la escenografía cuando lo más bonito de Don Miguel Hernández es la desnudez de su palabra. Entonces fue cuando con Luis de Arquer, uno de los cinco mejores pianistas del mundo, empezamos a trabajar en 'De Miguel a Miguel'. Para cada poema Arquer compuso una música que es como un guante. Y creamos un pequeño gran espectáculo de música y poesía de una gran sencillez. Porque a través de la sencillez se llega a la belleza. Y ejemplo de ello es Don Miguel. En el escenario no hay nada. Un piano, un chelo y un rectángulo de luz en el que recito poesías. Yo sólo pongo la voz. Una voz que pasa por el filtro de mis emociones y de mi corazón. No hace falta más. Y el resultado de esa sencillez es un diamante que va a brillar siempre.

-La obra poética de Miguel Hernández es extensa. ¿ Qué criterio has seguido para seleccionar los poemas?

-Hemos ligado su proceso humano y su proceso poético. Llevan un orden cronológico para poder contar su vida desde el principio hasta el final. Comenzamos con «Me llamo barro», que refleja su primer amor y la época en que Don Miguel decide irse a Madrid a conocer a los grandes escritores que tanto admiraba. Como García Lorca, aunque la verdad es que no se portó nada bien con Don Miguel Hernández. Le trataba con arrogancia. De Lorca tuvo que escuchar cosas como « me voy de aquí que huele a vaca» cuando un día ambos coincidieron en el Café Gijón. El último poema del montaje es su 'Nanas de la cebolla'escrito desde la cárcel de Alicante. Después de recitar este poema acabamos con un verso que es como su último suspiro: « Que como el sol sea mi verso, más grande y dulce cuanto más viejo». Cada vez que ponemos fin a la representación, nos miramos y no sabemos lo que hemos hecho. Pero los aplausos, los vítores y el cariño del público nos anima a pensar que algo bueno hemos debido de hacer.

-¿Es posible recitar a Miguel Hernández sin emocionarse?

-Lo que hago es hacer muchos ensayos porque lloro mucho y sé que me tengo que contener. De esa manera me vacío, aunque a veces se me escapan las lágrimas. Pero soy consciente de que debo contenerme para dejar el placer de la emoción al público.

- Cualquier representación teatral pasa por diferentes momentos y diferentes grados de intensidad y conexión con el público. ¿ Qué momento destacaría?

- Me quedo con el comienzo y con el final. En ambos momentos se escucha sólo música. Empezamos con una obertura de piano y chelo y la obra acaba con un epílogo. Y en ese gran hueco central entre ambas composiciones musicales, interviene la palabra, la poesía, pero siempre con el apoyo de la música.

Y destacaría un tercer momento cumbre. Es un verso de 'Canción del esposo soldado' que me llena mucho. Dice así : « esposa de mi piel, gran trago de mi vida». resume lo que a él le importaba en la vida. Su mujer, ella fue el gran trago de su vida. De nuevo el amor, la sencillez, la pureza de las palabras y la gran delicadeza de la poesía de don Miguel Hernández.