Las Provincias

CRÍTICA DE CINE

Rebeldía y frustración

La poetisa norteamericana Emily Dickinson, cuya vida, iniciada en 1830, se prolongÓ hasta muy cerca del fin del siglo XIX, no tuvo una existencia muy feliz, según nos cuenta uno de los más celebrados cineastas británicos, Terence Davies, en 'Historia de una pasión'.

Mujer inquieta y adelantada a su tiempo, rebelde con las normas sociales y religiosas, enfrentada a los valores inculcados por sus progenitores, mantuvo una educada obediencia con su padre al que respetaba, manteniéndose en la casa familiar, a pesar de no estar de acuerdo en muchas de las normas sociales (se opone a ir a la Iglesia) y actividades propias de la clase social a la que pertenecía.

Con una puesta en escena más que refinada y pulcra, el realizador de 'The Deep Blue Sea', crea un respetable retrato de la escritora, desde el instante en que abandonó la institución donde recibió una esmerada educación, aunque excesivamente puritana para los ideales que ella atesoraba. El resto del relato se centra en sus inicios como escritora y en su permanencia en la casa, con sus padres y hermanos, manifestándose sus diferencias de comportamiento y carácter, tanto con su padre, un hombre autoritario, como con su hermana.

La cadencia cinematográfica de Davies, deudora de los filmes de Bergman, se vislumbra desde los primeros instantes. Su ritmo, y sublime sello de escenificación, se manifiesta desde el momento en que obliga a la cámara a crear una panorámica circular de 360 grados presentando a toda la familia en la estancia en la que cada uno realiza una tarea. O cuando en una sesión fotográfica realizada a la familia nos muestra el paso del tiempo en cada uno de los personajes.

El filme, como ocurría con 'Dublineses' de John Huston, no es nada cómodo de ver, a veces la solemnidad está tan por encima que obliga a prestarle una atención milimétrica, absorbente, no admite el despiste, sino la atención más escrupulosa, no es película para cualquier paladar. El manejo del guión, utilizando, en ocasiones, los versos de la prosista, hace que estemos ante una función que habla de tragedia, de amargura, muerte y de la propia frustración de la escritora que nunca admitió una relación masculina a pesar de que lo deseaba.

Cynthia Nixon incorpora al personaje con registros notables, pasando de la alegría a la infelicidad, al dolor y a la aflicción, con tanta facilidad que roza lo sublime. Davies ha construido un tejido biográfico y familiar contundente. Las tensiones familiares, las discusiones entre sus miembros son presentadas de forma sintética y certera.

Temas