Las Provincias

El comercio histórico resiste

Un peso antiguo en una de las ferreterías más antiguas de la comarca, situada en Almoradí.
Un peso antiguo en una de las ferreterías más antiguas de la comarca, situada en Almoradí. / Alberto Aragón
  • Varios establecimientos centenarios de la Vega Baja se mantienen abiertos a pesar de la fuerte competencia que sufren

L a Real Academia Española de la Lengua define la palabra «ultramarino» como «dicho de un género o un comestible, y especialmente del de fácil conservación: traído del otro lado del mar, y sobre todo de América o Asia». Pese a que ese negocio pasó a la historia hace siglos su nombre resiste al paso del tiempo y en la Vega Baja resisten distintos comercios centenarios que sobreviven en el Siglo XXI y en plena era de la globalización. Ferreterías donde se vende café al tiempo que se hacen llaves o la posibilidad de adquirir trozos de seda en el mismo local donde se compran trajes de huertano todavía hoy es posible. Este patrimonio inmaterial languidece cada año ante la falta de estímulos por parte de los organismos públicos y por la feroz competencia de las grandes multinacionales, pero aguanta manteniéndose como hace décadas.

La tercera generación de vendedores, en algunos casos hasta cuarta, no quiere dejar como herencia este tipo de venta a sus hijos tal y como está configurado el mundo laboral. Los autónomos apenas disfrutan de satisfacciones, en la balanza pesan más mucho más las preocupaciones del día a día que la satisfacción de mantener un negocio heredado.

A pesar de ello, emprendedores levantan la persiana cada día para mostrar que la experiencia es un grado, y que el arte del vender tras un mostrador no puede sustituir a una operaria que factura con una máquina digital. La venta directa de un producto en el comercio histórico no tiene nada que ver con llenar el carro en las grandes superficies. Estos centros de ventas han obligado a cerrar en las últimas dos décadas tiendas de ultramarinos en todos los pueblos, incluso en Almoradí donde las pymes aguantan más que en otras zonas. La fuerza del mercado semanal de los sábados ha hecho que los comerciantes se mantengan a flote. Como si se tratara del ficus centenario que hay en la huerta almoradidense, los puestos de comerciantes ambulantes han mantenido su fortaleza pese a los achaques de las multinacionales. Gracias a este mercado en Almoradí persiste la designación de Ciudad de Servicios, aunque el reclamo del sector del mueble se apague con el paso de los años. Los emprendedores actuales buscan fórmulas con las que poder competir con los grandes del sector aunque muchas veces no ven soluciones.

Un vestigio de las tiendas de pueblo es la Ferretería Juan de Dios, abierta desde 1913 y que se encuentra junto al Casino. En pleno centro de Almoradí este comercio lucha contra las tiendas de 'chinos' y las nuevas superficies de bricolaje. En este negocio han pasado de venderse garbanzos y aceites hasta armas de fuego y artículos de menaje, según la época y las necesidades. El tío abuelo de Vicente Rafael Soto, fundó este ultramarinos que durante sus primeros años abarcó todo tipo de productos para su venta como era habitual en las tiendas de hace cien años.

La evolución de la sociedad ha hecho mella en el establecimiento que se ha reformado recientemente, aunque todavía sirve café al peso en la misma balanza que hace cincuenta años. El café molido y la cebada recuerdan que en otros tiempos la tienda se vendía de todo, incluso se hacían cartuchos de caza.