Las Provincias

Una historia de mujeres: 500 años de oraciones

Hoy jueves, a las 20.00 horas y en el antiguo convento de las Clarisas, la Cátedra Pedro Ibarra de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche presenta el volumen número cuatro de la colección 'Carrer del Comte' titulado 'Las Clarisas de Elche. Quinientos años de contemplación'. Su autor es Joan Castaño, con lo que las hermanas Clarisas han tenido la suerte de que los 500 años de presencia en Elche hayan sido estudiados por un historiador riguroso que ha utilizado como fuentes esenciales el Archivo Histórico Municipal de Elche, el archivo de Santa María, el archivo de protocolos notariales, el Archivo Histórico Nacional de Madrid y el Archivo Secreto Vaticano. La tormenta de la noche del 6 al 7 de diciembre de 1853 que destrozó el viejo convento de las Clarisas en la Glorieta, inaugurado el 1 de enero de 1517 y la quema -como el resto de iglesias de la ciudad- del convento de la Plaza de la Merced en la tarde del jueves 20 de febrero de 1936, destruyó casi por completo el archivo histórico propio del convento.

Una historia que comenzó el 1 de mayo de 1516 cuando el propio Consell solicitó la fundación de un convento de monjas Clarisas y se pudo comprar una casa con huerto y agua de la Acequia Mayor en lo que hoy es la Glorieta. El 1 de enero de 1517 se abría el convento con la llegada de las tres primeras monjas y la primera abadesa, sor Magdalena de Luxán. Ese convento, del que tan solo conservamos un par de fotografías, se mantuvo hasta 1853 cuando, de nuevo por parte del Ayuntamiento, se tomó la decisión de que las monjas fueran trasladadas al convento de la Merced, propiedad municipal desde 1841 como consecuencia de la desamortización. En 1854 se firmó el documento de permuta de ambos inmuebles. Fue el segundo emplazamiento en la ciudad de las Clarisas hasta el año 2007, cuando, por tercera vez, el Ayuntamiento decidía la permuta del viejo convento de la Merced por el actual situado frente a la Universidad Miguel Hernández, en la ladera del Vinalopó.

Gracias a una excelente contextualización, el libro de Joan Castaño es además una historia de Elche a través de la propia evolución del convento de las hermanas Clarisas. Especial interés tiene el estudio de las normas internas: las monjas de coro, las que asistían a los oficios y las hermanas donadas o legas, exentas del coro y encargadas de servir a la comunidad en trabajos domésticos. Lógicamente, las primeras eran mujeres nobles, como revelan los apellidos o de buena posición económica, y las segundas de familias humildes que entraban en el convento como sirvientas por medio de donaciones de algún familiar adinerado.

De esta forma, las monjas de coro podían dedicarse al oficio litúrgico o en ocupaciones como el canto, la repostería o los trabajos de bordado. Cargos como abadesa, vicaria, tesorera, sacristana, discreta (asesora), maestra de novicias, tornera, portera, depositaria de caudales, ropera y escucha (encargada de permanecer a la escucha en las comunicaciones entre las religiosas y las visitas del exterior).

Joan Castaño nos relata con precisión la carrera religiosa de estas mujeres: La mujer que ingresaba en el convento se convertía en postulante. Uno o dos años después se convertía en novicia, con velo blanco. Otros dos años después tomaba los votos simples o profesión temporal que le confirmaba como monja, con hábito marrón, velo negro y corona franciscana. El último periodo de reflexión entre tres y seis años llevaba al voto perpetuo o profesión solemne en una ceremonia pública que tomaba el carácter de esponsales con Jesús, como esposa de Cristo.

La dote aportada por cada monja se convirtió desde la fundación del convento hasta bien entrado el siglo XX en el requisito fundamental. Dinero o bienes que aseguraban la continuidad de la comunidad. Herencias que los padres adelantaban a sus hijas al ingresar.

Aunque es difícil acercarnos a una cifra aproximada de hermanas entre 1517 y 2016, podemos pensar que este nuevo trabajo de Joan Castaño se centra en la historia de unas 400 mujeres. Muchas de ellas gozaron de su fe y de su condición de esposas de Dios en el marco más adecuado para ello, mientras otras sencillamente obedecieron el destino que sus padres habían elegido para ellas.

Todas ellas componen un relato que es el resultado de una inmensa labor de investigación que debemos agradecer al autor de este libro.