Las Provincias

Francis Mojica, en su despacho del departamente de Microbiología de la UA.
Francis Mojica, en su despacho del departamente de Microbiología de la UA. / A. Ortuño

Francis Mojica vuelve a la rutina de la UA tras la vorágine de los premios Nobel

  • El investigador ilicitano retomó ayer su trabajo en el campus respondiendo a la avalancha de mensajes de felicitación recibidos pese a no lograr el galardón de Química

Francis Mojica volvió ayer a su despacho de la Universidad de Alicante para retomar su habitual actividad. Atrás quedaba ya el plató del estudio de TVE en Madrid desde el que vivió el miércoles en directo el fallo del Premio Nobel de Química mientras era entrevistado en el programa 'Saber Vivir'. Desde allí vio también en directo, a través de una pantalla, las muestras de afecto y reconocimiento del cerca de un centenar de compañerosde la UA que siguieron la transmisión desde la Sala Multimedia del Rectorado. Escuchó sus aplausos y las palabras de elogio a pesar de no haber sido premiado.

«Fue muy bonito. Me hubiera gustado en ese momento poder dar un abrazo a todas esas personas que estaban diciendo cosas tan bonitas sobre mí», afirma. Ayer, tras la resaca de todo lo acontecido, tuvo oportunidad de hacerlo.

Su día comenzó con un consejo de departamento del que, una vez finalizado, tuvo que redactar las actas. A pesar del trabajo acumulado, fue contestando uno a uno todos los correos que había recibido con felicitaciones y peticiones de seminarios. Al preguntarle cómo se sentía en su primer día de vuelta a la normalidad contestaba: «Agotado».

El pasado miércoles, día del fallo del Nobel de Química, la opinión más escuchada en la UA fue que Francis Mojica merecía haber sido premiado y que su descubrimienton de la función del CRISPR tarde o temprano recibiría el Nobel. Opiniones que fueron expresadas por el rector de la UA, Manuel Palomar y el exdirector del Instituto de Neurociencias del CSIC en la Universidad Miguel Hernandez, Juan Lerma.

Mojica, sin embargo, pone el énfasis en que se trata de eso. De opiniones, aunque confiesa que las agradece. «Son apreciaciones muy valorables. Pero las probabilidades eran poquísimas y el año que viene serán iguales. Quizás un poco mayores porque mi candidatura ha servido para recabar apoyos y, desgraciadamente, para que se reconozca un avance científico no sólo se valora el trabajo de investigación sino la situación del país y el apoyo que se le haya prestado».

Comparte con sus compañeros de la comunidad académica que el CRISPR va a recibir un Nobel «pero no sabemos a quién se lo darán. Somos muchos los que hemos participado de alguna manera en ello y es difícil». Al recordarle que la diferencia con respecto a otros investigadores es que fue él, en el año 2003, quien descubrió el sistema inmunológico de las bacterias, afima que la autoría de los hallazgos siempre es relativa. «Los primeros que vimos esas características inusuales en el ADN de las bacterias no fuimos nosotros, lo que que pasa es que los demás no hicieron mucho casoo y no se pregunaron su función. Nosotros sí. Durante 20 años estuvimos haciendo experimentos para conocer para qué servía esa característica. Trabajamos en ello cuando a nadie parecía importarle. Hasta que por fin dimos con su función. Era un sistema inmunológico».

Con su habitual estilo pedagógico explica con gran sencillez la importancia de este descubrimiento. «Vimos que el sistema inmunológico de las bacterias es capaz de aprender y guardar como si fuera una fotografía el ADN del virus que la invade y si vuelve a entrar, lo reconoce y lo elimina. Es como si lo cortara con unas tijeras». A raíz de ese hallazgo, publicado en 2005, muchos investigadores lo utilizaron para buscarle aplicaciones que pudieran derivar en evitar el desarrollo de enfermeddes genéticas de todo tipo como hemofilia, autismo, alzhéimer, patologías hepáticas o algunos tipos de cáncer,entre otras muchas. «La técnica consiste en introducir esas tijeras en una célula y dirigirla, como si programáramos un GPS, al lugar donde está el defecto del ADN que se ha heredado para cortarlo y evitar así que se desarrolle esa enfermedad genética. Es importante destacar que actualmente esas herramientas no están pulidas. Todavía se está en fase de experimentación con animales adultos como ratones, ratas y primates».

Reconoce que todo esto lo ha explicado muchas veces, sobre todo estos últimos días con la expectación generada por sus candidaturas al Nobel de Medicina y al de Química, pero parece disfrutar con la explicación como si fuera la primera vez que lo cuenta. Y pone un gran esfuerzo en intentar utilizar símiles que ayuden a la comprensión de un tema científico muy complejo. «Es muy bonito. Esto ya se podía hacer desde hace tiempo, pero con una tijeras muy caras y no muy eficaces y con un GPS difícil de programar. Lo bueno del CRISPR es que las tijeras y el GPS son muy baratos y muy precisos» añade.

No oculta la satisfacción que le produce que un trabajo de investigación de ciencia básica haya tenido tantas repercusiones. «En la ciencia básica la investigación se basa en saber simplemente por saber, no busca un resultado aplicable. Cuando presentas un proyecto de investigación en busca de financiación lo primero que te preguntan es el para qué de tu investigación. Y la única respuesta posible es: para curar la ignorancia. En ciencia básica simplemente quieres conocer, las bacterias, los seres vivos, y cuando respondes eso es difícil conseguir financiación», afirma.

Y, sin embargo, a veces, como le ha ocurrido a Mojica, el puro saber por saber te deja en el camino sorpresas que ni podías imaginar. El estudio de las características de las bacterias que sobreviven en las Salinas de Santa Pola a pesar de la elevada salinidad del agua llevó a su equipo a un descubrimiento que ha hecho avanzar la investigación de las enfermedades genéticas en apenas unos años más que en las últimas dos décadas. « Y como ha pasado tantas veces, todo fue por casualidad. Buscando otras cosas. Por eso vale la pena moverse, aunque no sepas por qué lo haces. Porque puede que se produzca una sorpresa inesperada», afirma con rotundidad.

Es inevitable preguntarle: ¿ Y ahora qué? Y Francis Mojica no duda ni un instante en responder que ahora, a seguir. «Vamos a continuar investigando el CRISPR. Para seguir sabiendo más. Para descubrir cómo se produce esa inmunización en las bacterias. Algo de lo que nadie parece preocuparse. Como en su día nadie se preocupó por indagar en la función de esas características especiales que se detectó en las bacterias. Nosotros continuaremos profundizando y preguntándonos cómo aprende la bacteria a inmunizarse. Ciencia básica. El saber por el saber. No nos interesan las tijeras, sino el GPS. En eso estamos centrados. Y tenemos la esperanza de que, como ya nos ocurrió, esto también pueda servir para algo. Seguimos moviéndonos».