Las Provincias

Condenan a una banda que prostituía a mujeres a las que traían engañadas

  • El líder del grupo captaba, a través de un tercero ya fallecido, a las mujeres en su país de origen

La Sección Décima de la Audiencia Provincial ha condenado a 4 años y tres meses de prisión al dueño de cuatro clubes de alterne por un delito de asociación ilícita, uno contra los derechos de los ciudadanos extranjeros y tres de prostitución de mayores de edad. El hombre mantenía a 33 mujeres (20 irregularmente), en cinco prostíbulos ubicados en Villena, Pinos y El Provencio (Cuenca), Ibiza y Palma.

Asimismo, en la sentencia dada a conocer este lunes por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV), se condena a otras nueve personas a nueve meses de prisión por los delitos de asociación ilícita y prostitución de mayores de edad, y a una décima persona a 3 meses de prisión por asociación ilícita.

Según el fallo, el principal encausado era el administrador único de tres sociedades que, junto al resto de condenados, se dedicaba entre 2005 y 2006 de forma «estable y permanente» a lucrarse «mediante la explotación sexual en España de mujeres, principalmente procedentes de Paraguay, en distintos locales de alterne».

«La organización se encontraba perfectamente estructurada, teniendo cada uno de los miembros una serie de funciones específicas», señala la sentencia, que recalca que en cada club el reo «contaba con personas de su confianza que se encargaban del control diario y de las cuentas de las mujeres, el cobro de los servicios, las comisiones y las multas».

El líder del grupo captaba, a través de un tercero ya fallecido, a las mujeres en su país de origen «bien bajo el engaño de que trabajarían en España como camareras o bien conociendo que ejercerían la prostitución en España, lo cual aceptaban por necesidades económicas», como detalla el tribunal. Cuando llegaba a España «les comunicaban que debían ejercer la prostitución para hacer frente a la deuda que habían contraído, que incluía el coste del viaje y la comisión de las personas que habían intervenido en la captación».

De ese modo, según sigue la sentencia, les ponían «un nombre de trabajo», y les creaban una cuenta que reflejaba la deuda contraída y les explicaban las normas del club que eran las siguientes: las mujeres ocupaban una «plaza» en el club por la que debían pagar a diario por alojamiento y manutención.