Las Provincias

Ocho siglos de bolilleras

Bolilleras durante un encuentro en la plaza Gabriel Miró.
Bolilleras durante un encuentro en la plaza Gabriel Miró. / C. R.
  • El encaje de bolillos tiene un componente generacional importante y normalmente el aprendizaje se produce dentro del ámbito familiar, es algo que se hereda, que se hace en casa y se aprende de las madres o las abuelas

La plaza Gabriel Miró se convierte hoy en el punto de encuentro de casi medio millar de artesanas del bolillo desplazadas hasta Alicante desde diferentes provincias españolas para participar en la XIII Jornada de Convivencia de Bolilleras organizada por la Concejalía de Coordinación de Áreas del consistorio alicantino y la Asociación Mare Nostrum dentro de las acciones del Plan Integral de Recuperación del Centro Tradicional.

El encaje de bolillos hunde sus raíces históricas en el siglo XIV. A diferencia de lo que ha ocurrido con otros oficios artesanos, sobrevive como una rara avis en una sociedad caracterizada por la tecnología y una inmediatez que poco tiene que ver con la paciencia y el trabajo puramente artesanal que requiere esta técnica atávica de encaje textil. «A pesar de todo, el bolillo afortunadamente sigue estando muy vivo y muy al día en España», afirma Purificación Enríquez , presidenta de la Asociación Mare Nostrum.

A lo largo de toda la mañana, la emblemática plaza alicantina se convertirá en un gran taller al aire libre donde se podrá contemplar cómo las artesanas bolilleras, con grandes dosis de paciencia y habilidad manual, van tejiendo diferentes piezas, a modo de exhibición, ante el público asistente.

«Es una labor que necesita tiempo. En un señalador de libros, por ejemplo, que es un trabajo pequeño, podemos tardar en hacerlo entre cuatro o cinco días. Un abanico puede requerir al menos dos semanas y piezas más grandes como un camino de mesa o un chal nos llevan meses de dedicación», explica la presidenta de Mare Nostrum.

Según Purificación Enríquez, el encaje de bolillos tiene un componente generacional importante y normalmente el aprendizaje se produce dentro del ámbito familiar. «Es algo que se hereda, que se hace en casa y se aprende de las madres o las abuelas», asegura. No obstante, las asociaciones suelen organizar talleres para enseñar la técnica a cualquier persona interesada en su aprendizaje.

Los bolillos es un trabajo desarrollado tradicionalmente por mujeres y la presencia de hombres queda reservada a un plano prácticamente testimonial. «No es común que haya hombres pero por ejemplo en nuestra asociación tenemos uno, y yo diría que lo hace incluso mejor con nosotras», señala.

Junto a la exhibición de los trabajos hechos con bolillos, en la plaza de Gabriel Miró se instalarán veinte puestos de venta con todos los materiales y elementos que se utilizan en el proceso de confección.

Cuenta la leyenda que la primera encajera de bolillos fue la reina Elisenda, cuarta esposa de Jaume II. En el Monasterio barcelonés de Pedralbes se conserva una de las piezas de encaje de bolillos más antiguas que perteneció a la propia reina. Aunque sus orígenes se remontan al siglo XIV, fue a partir del siglo XV cuando esta técnica empieza extenderse y a conocerse fuera de nuestro país como 'punto de España'.

Encuentros como el que se celebra hoy en Alicante logran rescatar del paso del tiempo esta técnica artesanal. «Llevamos 13 años celebrando estos encuentros y siempre suscitan mucho interés. Gusta mucho. Es lo que pretendemos. Que el encaje de bolillos no se pierda», afirma Purificación Enríquez.