Las Provincias

Un circuito de cámaras permitirá a los vecinos fiscalizar el trabajo en Fontcalent

Dos operarios de la planta de tratamiento de residuos de Fontcalent, en imagen de archivo.
Dos operarios de la planta de tratamiento de residuos de Fontcalent, en imagen de archivo. / Álex Domínguez
  • Medio Ambiente quiere que la gestión de las basuras pase del oscurantismo a la transparencia

De fortaleza inexpugnable a 'Gran Hermano' expuesto al control de cualquier alicantino interesado. La Concejalía de Medio Ambiente está dispuesta a hacer caer los altos muros, físicos o no, que rodean a la planta de tratamiento de residuos de Fontcalent y planea colocar en ella un circuito abierto de cámaras, que permitan controlar su actividad, no solo al Ayuntamiento, sino también a los vecinos.

Hasta hace un año, la planta de Fontcalent era un búnker al que no tenían libre acceso ni siquiera los técnicos municipales. Las fotografías que los vecinos tomaban desde puntos cercanos demostraron en varias ocasiones que este secretismo estaba vinculado a un tratamiento muchas veces deficiente de los residuos. Camiones volcando directamente la carga, sin tratar, en las celdas o balsas sin cubrir eran imágenes bastante habituales.

La oposición, los ecologistas y los vecinos reclamaron en muchas ocasiones que se les permitiese visitar, por sorpresa, las instalaciones. Sin embargo, el Ayuntamiento no exigía a la UTE adjudicataria que abriese la planta más que para inspecciones previamente notificadas. En la pasada legislatura, solo hubo una visita oficial, guiada, del concejal de Atención Urbana, Andrés Llorens, y la oposición, en 2012.

Esto ya ha cambiado en la presente legislatura, ya que el Consistorio pactó con la concesionaria del servicio de limpieza y recogida de residuos la posibilidad de que el concejal de Medio Ambiente, Víctor Domínguez, los técnicos, la oposición o los vecinos pudiesen visitar Fontcalent. Los primeros incluso por sorpresa. Los segundos, lógicamente, con cita previa. De hecho, se van a organizar incluso visitas de colegios y de otros colectivos, con un fin educativo y de concienciación.

Pero, ahora, Medio Ambiente quiere dar un paso más en la transparencia del servicio. Una forma de demostrar que se están haciendo las cosas mejor y que se trata el 100% de la basura que lleva a la planta.

«Vamos a instalar cámaras que durante 24 horas emitan lo que ocurre en la planta para que cualquier persona en cualquier momento lo pueda ver», explica Domínguez. El objetivo es doble. Por un lado, «que se pueda ver si el funcionamiento de la planta es el adecuado y ejercer un mayor control por parte del Ayuntamiento y la sociedad civil», apunta el concejal. Por otro, «como una forma de concienciación, para que la gente se dé cuenta de que el tratamiento de residuos es complejo, que no hablamos de reciclar por hablar. Que es una cuestión muy costosa económicamente y medioambientalmente. Es positivo que todo eso se vea».

Medio Ambiente está en negociaciones en estos momentos con la UTE para la instalación de este circuito de cámaras. Es consciente de que no serán muchos los vecinos que estén pendientes de estas cámaras, pero también de que el simple hecho de que estén colocadas actuará como incentivo para que el trabajo se desarrolle de forma más efectiva.

Domínguez resalta que, en cualquier caso, las cosas han mejorado mucho en la planta, en cuanto al volumen de residuos tratados y reciclados, que incluye incluso una línea para material orgánico. De momento, restos de poda, pero pronto incorporará también los residuos del contenedor marrón.

También ha influido la reducción del volumen de residuos que se tratan, gracias a que llegan un cuarto de las basuras de fuera que llegaban hace un año (de 180.000 a 45.000 toneladas al año).

Respecto a las quejas de los vecinos por los malos olores, se han reducido. «Con las inversiones sostenibles vamos a introducir medidas para reducir los olores, como el cerramiento de estancias en las que se tratan residuos al aire libre, la mejora de la ventilación de otras salas, y el tratamiento químico en las balsas de lixiviados», apunta Domínguez.