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Un hombre mide el contorno de su cintura.
Un hombre mide el contorno de su cintura. / ARCHIVO

Estar a dieta engorda

  • El psicólogo Jorge López Pérez Vallejo da las pautas de una dieta completamente distinta a la que estamos acostumbrados

La operación biquini no termina en otoño, es incuso al revés, después de estar a dieta, la mayoría de las veces se engorda, incluso más del momento previo de cuando uno decide ponerse a dieta. El psicólogo Jorge López Pérez Vallejo, analiza el por qué de este proceso y descubre una dieta única que nos hará perder los kilos deseados, sin padecer el efecto rebote posterior de la mayoría de las dietas. Según López Pérez Vallejo, la base está en la prohibición y el control cuando uno se somete a una dieta. “Estamos ante una trampa, alternamos el aparente éxito a corto plazo de las dietas, con el fracaso a lo largo del tiempo, vivimos eternamente a dieta, retomándolas una y otra vez, pero nunca conseguimos nuestro peso mantenido en el tiempo”, afirma López Pérez Vallejo

Los datos así lo confirman, un  estudio realizado durante más de 18 años, descubrió que más del 80% de los sujetos sometidos a dieta terminaban con sobrepeso evidente, mientras que más del 70% de los que no estaban a dieta volvía a los parámetros de normopeso. La conclusión inevitable es que estar a dieta engorda.

¿Cuál es el problema de las dietas tradicionales?

El verano ha terminado y preguntas como ¿volveré a engordar?, ¿estoy dispuesta/o a sacrificarme de nuevo?. El miedo a engordar es pensamiento común de mucho de nosotros y el interés por encontrar la dieta “perfecta” es generalizado, donde el esfuerzo y el sacrificio es premisa clave en todo control alimenticio, pero, normalmente, a pesar de disciplina y constancia, si se deja la dienta, normalmente esos kilos vuelven, incluso más rápido y más “pesados” que antes. Aquí comienza la desesperación, pensando que sólo se puede conseguir el peso deseado estando a dieta siempre. Está claro que no es una buena solución, todo lo contrario, empeora incluso el problema año tras año. Es el momento de cambiar la solución y mantener la ilusión.

El problema esencial de cualquier dieta no reside en su eficacia sino en su mantenimiento a lo largo del tiempo de lo conseguido. Es más, la desilusión que se deriva de la repetición del fracaso, habitualmente conduce a una actitud depresiva de renuncia. La clave de una buena dieta es identificar el problema y trabajar sobre él.

¿Solución? La Dieta de la Paradoja

La dieta de la paradoja, consiste en una gestión de la alimentación basada en el placer y no en el sacrificio y el control forzado. “Un dilema representado por una paradoja puede resolverse sólo con una solución basada en una contraparadoja”. Añadde López Pérez Vallejo.

La relación con cualquier cosa placentera, para que sea funcional y equilibrada sólo puede basarse en el placer, siempre usando una estratagema particular que nos permita asumir el control: “Si me concedo aquello que me gusta, al cabo de poco tiempo dejará de agradarme tanto y podré renunciar a ello sin esfuerzo ni frustración”.

Pautas claves de la Dieta de la Paradoja

1. Concederse las comidas más deseadas para convertirlas gradualmente en algo cada vez menos atractivo, haciéndolo acompañado de la prescripción de hacerlo sólo y únicamente en las tres comidas. ¿Por qué? El procedimiento permite establecer una colaboración entre placer y deber, en lugar de enfrentarlos, lo que induce a la autorregulación más que a un control forzado. Un ejemplo de un caso de la dieta de la paradoja, es “siempre que se come algo entre horas, uno debe comprometerse a comer cinco veces lo mismo,” esto genera una sensación de rechazo.

2. Apreciar el placer del movimiento y para ello, hay que superar una cierta inercia inicial que nos hace sentir como algo placentero el estar parados, el vagar, el no usar el cuerpo. Lo importante es que la actividad nos agrade porque así la practicaremos con constancia. Para que la actividad motriz se convierta en una exigencia agradable es necesario que ésta compense los posibles desequilibrios de nuestras obligaciones cotidianas. El cuerpo emitirá sensaciones de bienestar y por lo tanto, lo haremos cotidiano.

“Fracasamos por errores al centrar el problema porque nos basamos en la prohibición y la idea de control de la limitación y del sacrificio para resolver un problema; por consiguiente, antes o después se vuelven insoportables porque chocan pesadamente con la sensación fundamental en la que se basa nuestra relación con la comida: el placer. Todas las reacciones que aparecen durante o después de un periodo de restricción alimentaria comparten el efecto de un intento de control que conduce a la pérdida de control. Esta es la estructura paradójica natural a cualquier dieta. Si se desea salir de esta trampa, el placer debe ser el fundamento básico y no el accesorio de un programa alimentario”, concluye López Pérez Vallejo.