Las Provincias

EL MIRADOR

El sur también existe... todavía

Hace 31 años Joan Manuel Serrat puso música a una serie de poemas de Mario Benedetti, autor uruguayo muy vinculado a la Universidad de Alicante, sede de un Centro de Estudios Iberoamericanos que lleva su nombre y donde se conserva su biblioteca española. Uno de aquellos poemas, 'El sur también existe', daba título al disco que reunía todas las canciones y reflejaba en sus fantásticos versos las desigualdades entre el norte y el sur: «Pero aquí abajo, abajo / cada uno en su escondite / hay hombres y mujeres / que saben a qué asirse / aprovechando el sol / y también los eclipses / apartando lo inútil / y usando lo que sirve. / Con su fe veterana / el Sur también existe».

El actual Consell parece haber olvidado que, en la Comunitat Valenciana, el sur también existe. El concepto de vertebración que Ximo Puig y sus compañeros de gobierno tienen dista mucho de ser el que necesita una provincia como Alicante para sentirse completamente reconocida como lo que es, uno de los puntales fundamentales de una región que ha emprendido a toda velocidad el camino de vuelta hacia el centralismo. Ese mismo centralismo por el que tanto critican a Madrid -y con razón- es el que desde el 'cap i casal' parecen empeñados en aplicar en la Comunitat.

La Generalitat Valenciana se ha olvidado de que la provincia de Alicante tiene su propia idiosincrasia y unos problemas propios que requieren soluciones y medidas específicas. En su aparente afán homogeneizador, y tal vez por culpa de la visión distorsionada de la realidad que provoca la miopía centralista, el Consell está consiguiendo ningunear las inquietudes económicas, sociales y culturales de la provincia. Las visitas de Ximo Puig y sus consellers a las 'tierras del sur' son cada vez más fugaces y espaciadas en el tiempo. Los miembros del Consell, con la lógica excepción de los dos consellers alicantinos, apenas pasan más de doce horas seguidas en esta provincia, salvo el fin de semana de 'convivencia' en Torrevieja con el que se cerró el anterior curso político en el mes de julio.

La defensa de las necesidades hídricas de Alicante, sin duda distintas a las de Valencia y Castellón -por fortuna para ambas-, se hace casi siempre en voz baja. Esta provincia no necesita que se recuerde aquí la angustiosa falta de agua de los campos alicantinos, eso ya lo saben los agricultores de la Vega Baja, del Vinalopó o de l'Alacantí. Lo que necesita es que esa reivindicación se oiga en Valencia y, sobre todo, en Madrid o en otras regiones. Sin duda, la visita de Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Cataluña, fue una excelente oportunidad desperdiciada para recordar que la Comunitat no solo necesita que vengan los trenes, también precisa que llegue el agua que se pierde en el mar.

Esta misma semana, la ministra de Agricultura acudió a Altea para inaugurar la nueva fachada litoral de la localidad. Tejerina, cuya popularidad cotiza al alza entre los regantes alicantinos y murcianos por las medidas adoptadas en los últimos días para paliar los efectos de la sequía, lo tuvo fácil para acaparar el protagonismo porque ningún representante del Consell acudió al acto. Desde luego, también fue una excelente oportunidad para salir en la foto, pero sobre todo para exigirle a la responsable de la cartera de Agricultura más medidas para calmar la sed del campo alicantino o para pedirle más recursos con los que paliar los efectos de los incendios forestales que han afectado a los bosques de Benitatxell, Jávea y Bolulla.

Con los asuntos turísticos tampoco están muy inspirados. Esta semana, Les Corts aprobaron una resolución, con los votos en contra de PSOE y Compromís, para crear la Conselleria de Turismo con sede en Benidorm. Esta propuesta que rechazaron los socialistas era idéntica a la que defendió Ximo Puig en la campaña electoral hace poco más de un año.

Este Consell, ensimismado en las disputas internas del segundo escalón y enredado en la aprobación de normas que cabrean hasta a sus más fieles seguidores, está siendo incapaz de vertebrar de verdad a todos los ciudadanos de esta Comunitat. Y, además, se lo está poniendo demasiado fácil al PP para ejercer la oposición, a pesar de los líos judiciales en los que siguen metidos los populares valencianos por la nefasta gestión del pasado.