Las Provincias

LA TRICOLOR

El retorno

El pasado jueves dio comienzo un nuevo curso académico en los colegios de la ciudad. Las caras de sueño eran las más habituales entre los niños. Y entre los no tan niños también. El equipo educativo de cada centro también sufrió en sus carnes cómo las agujas del reloj se adelantaban en relación a los últimos días. Y como se suele decir, la cara es el espejo del alma. Eso sí, un alma cargada de ilusiones y de ganas por enseñar a los jóvenes de hoy en día. Pero si sueño hubo, más de una lágrima también cayó. Las imágenes de los más peques entrando por primera vez al cole de mayores con los ojos llenos de lágrimas no pueden faltar, junto al congojo de los papás que dejan ir a sus vástagos a un mundo nuevo.

Y este año hemos vuelto al cole con el recuerdo de aquellas manifestaciones, pacíficas por otro lado, pidiendo la libertad de elección de los padres, de la lucha por la educación concertada. Libertad, elección son términos con los que se les llenaba la boca a aquellos que ahora mandan y deciden estas cuestiones. Libertad de elección para los padres, no. Libertad para delincuentes para presentarse a unas elecciones, sí. Háganselo mirar señores de la Generalitat.

Siempre me he sentido un privilegiado por los años en los que discurrió mi escolaridad y sobre todo por dónde pasaron. Y aún hoy en día me siento así. Independientemente del nivel educativo, lo que más se nos queda es ese 'sentimiento de cole'. Ese sentimiento de que sea algo nuestro, de que llevamos nuestro cole grabado a fuego y que, cuando nos hacemos mayores y tomamos otro camino, no nos despegamos de él.