Las Provincias

El papel también crece en la ciudad

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Un cliente ojea uno de los libros que pueblan las estanterías de la librería Pynchon & Co. / A.D.

  • Nuevos negocios de libros presentan ofertas para conseguir títulos a casi cualquier precio

Leer un libro es un placer que se presume al alcance de todos. Pero no siempre el bolsillo permite al buen aficionado, ese que devora páginas sea invierno o verano y tenga más o menos tiempo libre, alcanzar todos los títulos que su ávida mente le sugiere. Ante esto, la crisis y el precio de los volúmenes en las grandes superficies que apuestan por las editoriales de renombre surgen alternativas en las calles que abarcan la oferta necesaria para que la literatura llegue a todos los públicos.

Un buen ejemplo de esta situación se encuentra en algunas calles céntricas de Alicante. Desde hace unos meses se han creado distintas librerías de las que no se enmarcan dentro de lo habitual. Unas que apuestan por ofrecer intercambio y libros a precios baratos, otras que combinan este mercado con el del coleccionismo y las ediciones raras y una tercera vía que, sin tener en cuenta el precio, su misión es la de recabar obras bajo el criterio de la calidad del contenido conforman un circuito frecuentado por numerosos lectores.

Alrededores

La calle Poeta Quintana podría enmarcarse como el epicentro de este mercado literario. En ella se encuentran dos de las propuestas distintas que ofrecen libros de distinta índole a los clientes y que, además, están separadas por tan sólo unos metros, lo que hace habitual que los buscadores de libros visiten ambos comercios.

La librería de más reciente creación se llama Celuloide & Co. Se trata de un local que, desde el pasado mes de mayo, ofrece libros de coleccionismo, ejemplares baratos y otra clase de productos culturales de colección y curiosidades como cómics antiguos, discos de vinilo, cromos, material publicitario o periódicos y revistas editadas hace décadas.

Al frente de este negocio se encuentra Pablo Ramón, un alicantino que al abrir las puertas de Celuloide & Co logró «hacer realidad un sueño», confiesa. Desde entonces, advierte que hay un mercado de lectores y coleccionistas como para emprender este tipo de negocios, aunque el camino para abrir el negocio no le resultó fácil. «He tenido otros trabajos pero siempre he querido ser librero. Era convertir mi afición por los libros y los artículos culturales antiguos en mi manera de ganarme la vida», a lo que añade que «empecé por comprar productos por Internet que sumaba a mi colección particular y, poco a poco, logré juntar suficiente género para abrir la librería y, desde entonces, sigo comprando y vendiendo».

Entre su colección a la venta destacan unos mil libros descatalogados, periódicos y revistas de las décadas de los setenta y cromos de difícil adquisición en colecciones de gran seguimiento. Pero, además, ofrece a sus clientes un amplio abanico de libros de intercambio que vende a precios baratos. Según el librero alicantino, su público, de muy diversos perfiles y edades, se divide entre aquellos que buscan un producto concreto para colección y los que «no pueden permitirse que cada libro que quieren leer les cueste 20 euros y buscan alternativas más baratas».

La propuesta que ofrece Pynchon & Co, a pocos metros del negocio de Ramón, es distinta pero también única para los aficionados a la lectura. Esta librería, regentada por Carmen Juan y Sara J. Trigueros, se centra en la calidad de su colección. Seleccionan títulos y autores por su calidad, sin prestar atención sólo al mercado editorial, como las grandes superficies, aunque el precio respete el que viene marcado por las editoriales.

Junto a ellas trabaja Jesús Valdés, que explica que «tenemos unos diez mil libros a la venta y el criterio que seguimos es el de la calidad. Intentamos conocer el contenido de lo que ofrecemos y no mirar sólo el tener determinados autores o editoriales por el hecho de tener mercado». Este hecho lleva a que sus instalaciones aglutinen a verdaderos aficionados a la lectura que pretenden abordar títulos que cuestan de encontrar pero que saben interesantes. «Recuerdo que vino una pareja sudamericana, creo que chilenos, y daban saltos de alegría cuando encontraron un título de un autor chileno que, muy bien considerado allí, en España apenas se conocen sus obras», comenta el joven librero.

A diferencia de las librerías de títulos de ocasión, en Pynchon los libros son de ediciones recientes y respetan el precio recomendado de venta al público. «Entiendo que haya librerías de ocasión porque hay gente que quiere leer muchos libros y no puede gastar tanto dinero, pero nosotros tenemos la selección por calidad y el precio se tiene que asumir», concreta Valdés. En este establecimiento, además de la venta de libros, también tienen un apartado donde realizan presentaciones literarias, encuentros, talleres y recitales, entre otras actividades culturales.

Finalmente, al salir de la calle Poeta Quintana y atravesar la plaza del Mercado Central se encuentra la librería Terraferma, en la calle Calderón de la Barca. Este negocio apuesta por la cantidad y los precios competitivos. Hay intercambio de libros y se venden muchos títulos a precios reducidos que van incluso, desde un solo euro.

Al frente del negocio, que nació en el barrio de San Blas y se desplazó al centro hace dos años, está el joven Carlos Quiles. Para este alicantino, lo importante de su librería es «dar lectura a mucha gente y a precios más baratos de los que se suelen marcar en otras librerías».

De afición a profesión

Terraferma nació de la afición familiar de los Quiles por la literatura y, a raíz de su propia colección y de compras que realizaron, crearon la librería. Dado que su colección depende de las compras que puedan realizar, la propuesta es muy amplia y «abarca casi todos los géneros», explica Quiles, a lo que añade que «tenemos manuales universitarios que los jóvenes estudiantes pueden comprar a mucho menor precio que si fuesen de primera mano hasta libros infantiles, pasando por toda clase de clásicos, colecciones de cocina o cuentos infantiles, por nombrar algunas de las principales secciones».

Aunque con ofertas muy variadas en estos tres ejemplos paradigmáticos de librerías, seleccionadas entre una oferta en la ciudad que abarca muchos más negocios, todos los libreros coinciden en un punto: no son competencia. «Cuantos más aficionados a la lectura haya, mejor para todos», indica Pablo Ramón, una frase que corrobora Valdés explicando que «seguramente no haya bastantes libros para lo que podrían leer todas las personas en su vida». Finalmente, Quiles indica que «lo importante es que la gente lea y, si el mercado no da precios baratos, hay que dárselos y la gente responde».