Las Provincias

Rus niega la caja 'B' del PP y asegura que quien cobraba comisiones era Benavent

Alfonso Rus llega acompañado de su abogado a la Ciudad de la Justicia de Valencia.
Alfonso Rus llega acompañado de su abogado a la Ciudad de la Justicia de Valencia. / IRENE MARSILLA
  • El expresidente de la Diputación de Valencia responde solo a su abogado, dice que no conocía a los trabajadores ficticios y quita credibilidad al exgerente de Imelsa

La semana judicial se cerró ayer con la declaración del expresidente de la Diputación Alfonso Rus ante el juez. No quiso el líder popular un cara a cara con el fiscal y el resto de acusaciones así que optó por una comparecencia 'dulce': contestar a las preguntas de su abogado. Llegó a la Ciudad de la Justicia pasadas las diez de la mañana y con tranquilidad -hasta que fue envuelto por decenas de informadores- afrontó el paseíllo. Rus recurrió al humor para sobrellevar el mal trago. «En los aviones también se daban comisiones». De esta forma quería responder a las declaraciones del exgerente que reveló que el dinero se repartía en los propios despachos oficiales del Ayuntamiento y Diputación. Entró al juzgado y de aperitivo soltó un pequeño discurso acerca de lo que madruga y lo tarde qu regresa a su casa. En resumen, que trabaja mucho. Esto carece de interés para la causa. Al entrar en materia -la contratación de trabajadores ficticios en la empresa Imelsa- lo negó todo. Aseguró que no conocía a ninguno de los trabajadores que estuvo a sueldo de Imelsa pero no prestaban ninguna labor. Fuentes judiciales manifestaron lo débil de esta defensa ya que alguno de los investigados en esta pieza mantienen amistad con el expresidente o incluso eran futbolistas del club que presidía, el Olimpic de Xàtiva. Atribuyó a Benavent toda la responsabilidad de estas prácticas. «A presidencia no llegaban estas cosas», explicó. Es más, adelantó que si él hubiera tenido conocimiento de estas graves irregularidades se habría enfadado muchísimo y él mismo lo hubiera denunciado.

Benavent apuntó a él y a su jefe de gabinete Emilio Llopis como los dos dirigentes que le ordenaban la contratación de personas por favores de amistad. Puro enchufismo, más allá incluso de afinidades ideológicas.

La comparecencia de Rus fue breve, pero no tanto como la de Llopis, que le precedió en su entrada al juzgado. Se acogió a su derecho a no declarar. A la salida, Rus se lo tomó con calma. Acudió a la cafetería del edificio y tras unos minutos salió por la puerta principal. Allí, al igual que hiciera Benavent el pasado jueves, se centró más en la trama en general que en el motivo que le había llevado al juzgado. «No había caja B», dijo para abrir fuego. A continuación, cargó contra Benavent y puso en duda la credibilidad de su testimonio. Y recordó que lo primero que hizo fue huir. «Cuando se supo que se iba a por él, se fugó. Cuando se le acabó el dinero, volvió. Pactó con no se quién y también vino con el pendiente...».

Las primeras informaciones apuntaban directamente al máximo responsable de Imelsa, aunque se intuía que Rus podría verse salpicado. Benavent huyó de España y durante varios meses residió en un país latinoamericano. Luego regresó a España y aseguró haber sufrido una transformación interior, una catarsis que le impulsó a contar todas las irregularidades pese a que estas revelaciones podían costarle la cárcel. Fruto de ese proceso de revolución interior se produjo también su cambio de look al que ayer se refirió Rus. Cierto es que gracias a esta colaboración con la Fiscalía podrá obtener una sustancial rebaja de pena. De ahí que tras todo esto, Benavent carezca de «credibilidad para Rus». Es más, el expresidente de la Diputación no podía entender cómo se habían desarrollado los acontecimientos. «He dormido dos noches en el calabozo, mientras él que ha reconocido que cobró comisiones...».

Insistió en todo momento Rus en negar las principales acusaciones de Benavent. «El que cobraba las mordidas era él», repitió en más de una ocasión. Todo parecer ser un montaje, según su visión de los hechos. Aunque se desconoce qué intención podría tener el exgerente de Imelsa en implicarse directamente en toda esta investigación.

Hay que recordar que fue Rosa Peréz, de IU, la que denunció el caso ante la Fiscalía Anticorrupción y, al parecer, aportó las grabaciones que durante años acumuló el gerente de Imelsa y que a ella le entregó el suegro de Benavent, el custodio de los audios.

Rus llegó a decir que no entendía qué hacía allí y que a Benavent le interesaría «ir a por los de arriba». Manifestó que él «ni contrataba, ni despedía ni hacía el seguimiento de los empleos» en la empresa pública.

Los problemas judiciales de Rus no han hecho más que comenzar. La comparecencia de ayer por la pieza de los trabajadores ficticios es quizá el asunto de menor importancia para el que tratará de encontrar una salida. En breve, deberá decidir si explica el controvertido asunto del 'call center', el centro de atención telefónica que supuesamente se amañó para favorecer a una empresa con la que el suegro de Benavent mantenía una estrecha relación.