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Nairo Quintana, primero en la general, durante la contrarreloj.
Nairo Quintana, primero en la general, durante la contrarreloj. / EFE

CICLISMO | VUELTA ESPAÑA

Froome promete un final «explosivo»

  • El británico le quita más de dos minutos a Nairo Quintana en la crono de Calpe y, como Contador, saldrá hoy en Aitana a reventar al líder

El imponente Peñón de Ifach es testigo de las cuentas que Nairo Quintana hace abajo, en la meta del manso puerto de Calpe. Recuenta lo que tiene: «Tengo buenas piernas. Y buen equipo. Y buenas sensaciones. Y tengo un minuto y 21 segundos de ventaja sobre Froome a falta de una etapa». Con todo eso amasó una buena almohada para la noche previa a la jornada de Aitana, el examen final de la Vuelta. «Dormiré tranquilo», se repetía el líder. No parecía preocuparle lo que había perdido: 2 minutos y 16 segundos en relación a Froome, el ganador de la contrarreloj de Calpe, el que aún le acecha aunque sea a distancia. El que más le preocupa, aunque no el único. Contador, que ya es tercero en la general y que sólo le recortó al líder una veintena de segundos, es una caja de sorpresas. «Si tengo fuerzas, voy a intentar algo», avisó el madrileño. De los dos se ocupará Quintana. «De Alberto hay que cuidarse de su estrategia y de Froome, de su fuerza. Pero yo estoy tranquilo». A falta de los 200 kilómetros, los cuatro puertos de segunda por el áspero interior de Alicante y de la subida final a Aitana que le restan a la Vuelta, el colombiano la siente suya.

Las cuentas le salen. Froome se llevó la etapa con 46 minutos y 33 segundos. A 44 segundos quedó Castroviejo. Contador cedió 1.57, Quintana 2.16 y Chaves 3.13. El reloj de Calpe comprimió la distancia entre Quintana y Froome: el colombiano correrá la última etapa decisiva con algo más de un minuto de renta (1.21). Contador, tercero, se queda a 3.43, y Chaves está ya a 4.54. «La verdad es que vista la contrarreloj que he hecho me da más rabia todavía el tiempo que perdí en Formigal», confesó Froome. Pero no usa el retrovisor. «Eso es pasado». No mueve molino. Su mirada metálica está ya rondado la etapa de Aitana. «Y no sólo el puerto final. Va a ser un día explosivo desde el inicio», anunció en jerga bélica. No renuncia. La contrarreloj le resucitó el ánimo. Ganó. Y se ha arrimado a Quintana. Quiere quitarle el sueño y la Vuelta, aunque sabe el enorme tamaño de esa empresa.

El sol es siempre puntual en Calpe. A veces, como en los 37 kilómetros entre Jávea y Calpe, le acompaña el viento. En contra. Eso penaliza a los más pequeños. Les zarandea sobre las rígidas y difíciles de domar bicicletas de 'crono'. Jonathan Castroviejo, gregario de Quintana, tenía día libre. Le dieron permiso para ganar la etapa. Lo merece. Es menudo de talla, pero es también una excepción. Hace magia sobre la bicicleta. Como un escapista capaz de doblar sus articulaciones de goma y meterse en una maleta, Castroviejo se introduce en la silueta de un huevo en cada 'crono'. 'Sleppy hollow', el jinete sin cabeza. No se puede ser más aerodinámico. Marcó el mejor tiempo en el repecho de Benitatxell y también en la meta: 47 minutos y 17 segundos. «Bueeeeno, a ver si esta vez gano al fin», resopló. Ha perdido medallas en el Mundial y los Juegos Olímpicos por un puñado de segundos. Hace un mes, en Río de Janeiro fue Froome el que le quitó el bronce por ese suspiro. Eso iba a pasar en Calpe.

Antes que el británico salió Contador. Olfateó el viento, más intenso en el inicio. Era el momento de atizarle a Chaves, el que ocupaba entonces la tercera plaza de la general. El madrileño se fijó en los vatios del potenciómetro. Puso el piloto automático. Pronto derrumbó al colombiano. Ya era el tercero en la tabla. Para la mayoría, eso significa ser el tercero del podio. Para él, es ser el último del cajón, de la fila. No le sirve. «Como he apretado al inicio para meterle tiempo a Chaves lo he pagado al final. He ido a tirones», contó. Nunca ha perdido la Vuelta. Tres ediciones ha corrido y la tres lucen en su palmarés. Para mantener esa racha tendrá que buscar un imposible camino de Aitana. Ya lo ha hecho antes. «Habrá que inventar algo», dejó en el sofocante aire de Calpe. Un invento suyo nada más salir el pasado domingo desde Sabiñánigo cambió la Vuelta: esa tarde pasó de las manos de Froome a las de Quintana por obra de Contador. ¿Sacará de nuevo la chistera? Sonrisa de pillo. Ciclista travieso. El 'Pistolero' nunca vuelve a casa son balas sin disparar.

Chaves y él tratarán de que cada kilómetro del último viaje a la montaña de esta Vuelta sea como la cuenta de un rosario. Que rece Quintana, devoto creyente. «Estoy tranquilo», insistió el líder. Sosegado. «Yo he hecho una buena contrarreloj». Valverde también lo tiene claro: «Nairo Quintana no debería tener problemas. Sí es cierto que es una etapa muy dura la de Aitana, pero visto cómo va Nairo para arriba, no deberíamos tener problemas». Pero la de Froome resultó perfecta. Ha ganado tres veces el Tour defendiéndose en la tercera semana. Ahora le toca salir a matar. A por el KO. Cuidado con él. Viene de lejos. En 2006 era un loco keniano blanco del que nadie se preocupaba. Se metió en el ordenador de la Federación de Kenia y mandó sin permiso su inscripción para el Mundial sub'23 de 2006, en Salzburgo (Austria). Tenía que darse a conocer en Europa. Trabajó para pagarse el viaje. El último de los autobuses que cogió le dejó a un kilómetro de la peor pensión de la ciudad austríaca. Llegó a pie, cargando con sus dos bicis y la maleta. Pero no ha dejado de remontar desde ese día. Es un salvaje. Y de Contador ya se sabe que caerá de pie.