Las Provincias

CRÍTICA DE CINE

Hollywood, época dorada

En su larga filmografía, Woody Allen ha tenido una evolución de altos y bajos. En esta ocasión, mi opinión es que ha bordado con maestría su afán de escribir sobre la nostalgia. Esta vez en un film romántico que nos aproxima al Hollywood de la época dorada, los años 30.

Hay dos niveles temáticos en 'Café Society'. El primero, nos adentra en esa capital del cine, donde el guión se codea con los intérpretes y directores de entonces. En esa historia romántica, narrada por la voz en off del propio Allen, está el aliento de 'El apartamento' de Billy Wilder.

En el segundo, que ya tiene que ver con el título del filme, 'Café Society', en ese entorno de ambientes de lujo y de alta sociedad, de clientes y personajes de alto nivel, se respira la espléndida composición visual de 'Casablanca' de Michael Curtiz, con la aparición del amor perdido. Por supuesto, en ambas, salvando los tonos argumentales y las distancias. Es pura nostalgia del cine que hemos vivido, pero sigue latente en la cultura de cualquier cinéfilo.

No es la primera vez que Woody Allen nos cuenta historias del cine dentro del cine. Está en el recuerdo 'La rosa púrpura de El Cairo'. Y también brilla en la película esa reflexión sobre la vida familiar, diseñado a lo grande en 'Días de radio'.

Son pequeñas anotaciones, que giran dentro de las dos ramas principales de este espléndido guión que nos remite a las otras narrativas que ha cultivado este director, la vida criminal de uno de los hermanos de Bobby (Jesse Eisenberg), lo contrapuesto del judaísmo y el cristianismo, que da pie a un gag sobre la creencia en el más allá y la existencia del alma.

Luego, se encuentran los detalles marginales sobre los valores de la meca del cine, mostrando el ambiente sofisticado de Hollywood, con sus fiestas, sus infidelidades, las mansiones de Beverly Hills, y la vida neoyorkina, donde realiza un homenaje a 'Manhattan', en el momento que se abre la puerta a la segunda parte de esta narración.

Por otra parte, los intérpretes están sobresalientes en sus papeles, especialmente Kristen Stewart, en su papel de Vonnie, esa secretaria que se enamora de su jefe y que renuncia al amor que le ofrece Bobby, prefiriendo la seguridad a las quimeras de marchar con un joven que todavía no tiene futuro.

En definitiva, un trabajo delicioso que tampoco nos sorprende, porque estamos acostumbrados a la sublime magia de un cineasta al que, aunque alguna vez nos haya dejado menos alegres, su ingenio no se agota y vuelve a renacer.