Las Provincias

Gandía reivindica el sprint

El joven danés Magnus Cort Nielsen celebra su victoria al sprint en la meta de Gandía. :: afp
El joven danés Magnus Cort Nielsen celebra su victoria al sprint en la meta de Gandía. :: afp
  • En vísperas de la contrarreloj en la que Quintana defenderá el liderato frente a Froome, la Vuelta descubre al danés Cort Nielsen

El sprint es la esencia del ciclismo. La silueta exacta de este deporte. La pelea con la adrenalina a tope y con la pancarta al fondo. Sólo puede ganar uno. En los viejos países ciclistas como Bélgica, Holanda, Francia e Italia, las carreras dedicadas a la velocidad son de obligado cumplimiento. Las potencias emergentes como Gran Bretaña y Australia montan sus escuelas ciclistas en los velódromos, factorías de corredores rápidos y con maña para sobrevivir en las aglomeraciones de la metas masivas. El ciclismo español es la excepción, como excepcionales han sido sus pocos velocistas: Poblet y Freire. La Vuelta refleja esa peculiaridad: prima la montaña, que garantiza la atención del público, y reduce los sprints, 'aburridos' para la audiencia televisiva. España es diferente. Por eso no hay guepardos en la Vuelta. Ni Cavendish, ni Kittel, ni Greipel... Esta carrera no es su sitio. Les es hostil.

Y por eso en la meta de Gandía, copada de público pese a ser plana como el mar, ganó al sprint el joven danés Magnus Cort Nielsen, de 23 años, que en realidad no es velocista. «Soy rápido, aunque no tanto como los mejores. Pero subo mejor que ellos. Creo que lo que mejor me irá en el futuro son las clásicas belgas». Aún no se conoce. Como el belga Keukeleire -su compañero en el Orica- en la meta de Bilbao, Nielsen se llevó un sprint largo, sin gobierno, descosido, en el que se impuso por ser el más atrevido. Un sprint sin sprinters, pero igual de emocionante. Esencia ciclista.

Mientras la audiencia televisiva sesteaba, Gandía se rompía las manos en aplausos. «Cuando he visto que mi líder, Chaves, estaba ya bien protegido, he buscado mi oportunidad», contó Nielsen. Su trabajo no es ganar etapas, sino cuidar de Chaves. Se cambió el uniforme sólo al final. Hizo memoria. En la segunda etapa de esta Vuelta ya había rozado el triunfo. Casi cató esa miel. Aprendió. Y no falló en Gandía. «Tenía miedo a quedarme encerrado», confesó. La cuerda de dorsales del equipo Giant tiraba de Arndt, su candidato. A rueda, Cort Nielsen alternaba su mirada entre el culo de Arndt y la pancarta. El velocista es un boxeador que busca el k.o. Sólo tiene un golpe. Una distancia. El miedo a perder le aceleró. Le llevó a su mejor victoria. Otro corredor que se estrena en una gran vuelta. Y ya van doce en esta edición huérfana de sprinters por mandato de la audiencia televisiva, adicta a la montaña.

De los efectos colaterales de la televisión también sabe Gandía, ciudad universitaria con el horizonte pegado al mar y una espléndida playa. Su nombre arrastra el apellido de un programa televisivo, 'Gandía Shore', un zoo humano donde chulos de discoteca forrados de músculo, pechugas de pollo y batidos de proteínas convivían a gritos con 'chonis' neumáticas licenciadas en vulgaridad. Aquel esperpento resultó un éxito de audiencia.

A pie de calle, cuando aún no se han encendido las cámaras, cada salida de la Vuelta es un éxito popular. Requena, punto de partida de la etapa, se echó encima de los ciclistas. Fotos con todos. Con Omar Fraile, que le discute a Elissonde el maillot de la montaña y que se despejaba el calor con un abanico. Con Castroviejo, favorito en la contrarreloj que viene y que recibía la visita de su familia. Padre a tiempo parcial por culpa del ciclismo. De esa contrarreloj habló Contador: «Saldré a tope. Estoy muy motivado». El madrileño es cuarto en la general, a cuatro minutos del líder, Nairo Quintana. El colombiano, que le saca 3.37 a Froome, decía que la 'crono' es «un reto personal» y que defenderá el maillot rojo con «dignidad». Tiene la Vuelta en las manos. Ya la acaricia.

Antes de esa lucha contra el cronómetro tocaban 200 kilómetros entre Requena, capital del embutido, y Gandía. Fue otro día fugitivo. Se escaparon Beppu, Vervaeke, Rolland, Cattaneo y el francés Jáuregui, de abuelo vasco que emigró para ser minero en el norte de Francia e hijo de un especialista en ciclocross. No eligieron bien el día. Por una vez, la fuga sucumbió. Las rectas que bajan a Gandía parecían más largas para ellos que para el pelotón. El Giant y el Etixx engrasaron la maquinaria y les cazaron a 11 kilómetros de la playa. Ahí, el Sky de Froome olisqueó algo de viento lateral y se puso a pelar la cabeza del pelotón.

Más que un ataque fue una defensa. No querían verse sorprendidos como el pasado domingo camino de Formigal, cuando Contador se bastó solo para dinamitar a todo el Sky, para quitarle la Vuelta a Froome y para alfombrársela a Quintana, que mostró su mejor versión en la subida final a la estación de esquí aragonesa. Ese día cambió la carrera. Y va a cambiar al Sky. Froome se quedó con un único gregario: el vizcaíno David López, que ya tiene 35 años y que llegó a la ronda por la lesión de Mikel Landa. La formación británica acaba de renovarle el contrato por dos años. Premio para él y mensaje para el resto de la plantilla, que no estuvo a la altura.

El viento puso nervioso el preámbulo del sprint. Un amago apenas. La playa de Gandía estaba medio vacía. La gente se había alineado tras las vallas para ver la Vuelta. Y sin montaña por medio. Disfrutaron con ese paso fugaz, del sonido mecánico, eléctrico, del sprint. Ganó Cort Nielsen, el más veloz entre los menos velocistas. A partir de ahora, la Vuelta se gira hacia Quintana y los que, desde muy lejos, amenazan su triunfo: Froome, Chaves y Contador. La contrarreloj de hoy de Calpe (37 kilómetros) y la subida a Aitana del penúltimo día ponen a prueba al colombiano. Tiene margen de sobra. Se le nota. «Soy un hombre tranquilo. Yo no me como la cabeza», zanja. Tras el paréntesis de Gandía, la Vuelta vuelve a ponerse cuesta arriba.