Las Provincias

El próximo verano será gris en Benitatxell

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Un bombero apaga los rescoldos junto a una vivienda cercada por el fuego. ALEX DOMÍNGUEZ / VÍDEO PEDRO LÓPEZ

  • Los vecinos de las urbanizaciones regresan a sus casas, rodeadas ahora de un desolador paisaje de cenizas

  • Las llamas han afectado a chalés, jardines, coches, pérgolas, toldos y antenas de telefonía, pero sobre todo han arrasado la masa forestal del municipio

Un matrimonio alemán contempla el desolador paisaje que han dejado tras de sí las llamas en la urbanización Cumbres del Sol, en Benitatxell. Es una más de las cientos de parejas extranjeras que residen de manera permanente en los chalés apiñados de una exclusiva zona residencial. Como la inmensa mayoría de los propietarios de estas viviendas, se sienten afortunados y agradecidos. Por un lado, sus casas han corrido mejor suerte que la vegetación que las rodeada y se han salvado del fuego. Por otro, saben que la labor de los efectivos de extinción de incendios ha sido decisiva para que sus pertenencias no se hayan visto reducidas a cenizas.

Ayer, apenas 24 horas después de que más de 1.400 personas tuvieran que dejar sus casas ante el avance del fuego y pasar la noche en los espacios de acogida habilitados en Benitatxell, la normalidad se abría paso silenciosa entre rescoldos humeantes y olor a quemado. Los efectivos de bomberos y brigadas forestales vigilaban atentos en los puntos más elevados del paraje de La Granadella, una frondosa zona verde protegida que ahora ofrece una imagen apocalíptica.

Este paradisiaco lugar se convirtió desde el domingo por la tarde en un auténtico infierno. La acción de un pirómano desencadenó un incendio que podría haber acabado en una tragedia aún mayor de no haber actuado con diligencia los efectivos de emergencia que coordinaron el desalojo y que al mismo tiempo se encargaron de que las llamas no afectaran prácticamente a ninguna de las cientos de casas. Viendo el paisaje y la cercanía de las llamas resulta increíble que el fuego no calcinará toda la urbanización.

Otro matrimonio, de nacionalidad británica, daba las gracias de manera efusiva a una brigada de los bomberos de la Diputación Provincial que ayer vigilaban atentos que no se reavivarán las llamas. Habría sido un desastre con todos los efectivos concentrados en luchar contra el fuego que a escasos kilómetros arrasaba los términos de Bolulla, Tárbena y Callosa d'En Sarrià.

Tres trabajadores de un centro hípico se afanaban en retirar de las cuadras los restos de ceniza dejados por las balas de paja incendiadas. Por suerte, pudieron desalojar la veintena de caballos que viven en sus instalaciones. Unos fueron trasladados por sus propietarios en remolques especiales, otros fueron subidos a camiones especiales para ser evacuados, como sus dueños, a instalaciones de Benitatxell, Jesús Pobre o Xàbia. Las llamas se quedaron al otro lado del muro del recinto hípico.

En una de las abigarradas laderas de La Granadella, los bomberos de la ciudad de Alicante desplazados como refuerzo a la zona apagaban unos rescoldos junto a una vivienda de alquiler. La agente inmobiliaria observaba cómo los bomberos trabajaban y aseguran una escalera que, por efecto de las llamas, ha quedado prácticamente al aire.

En otra zona de la urbanización, salpicada por efectivos de extinción y también de la Policía Local y Autonómica, operarios de una compañía de telefonía comprueban los daños que el fuego ha causado en las infraestructuras de telecomunicaciones. Por el momento, una antena de telefonía móvil ha desaparecido por efecto de las llamas y en toda la zona no hay cobertura. Idéntica suerte han corrido algunos postes de madera de telefonía fija.

Otros vecinos, en silencio y con la desolación en sus rostros, hacían fotos con sus móviles a un paisaje que tardará años, muchos años, en volver a mostrar el mismo esplendor.