«Porque sonreír no cuesta tanto» es el lema de las clínicas Dental Line. Pero ningún atisbo de felicidad se podía leer ayer en la cara de Carmen, uno de los mil clientes afectados por los problemas de la empresa. Sus rasgos sí expresaban sentimientos, pero nada tenían que ver con una sonrisa bonita.
Más bien se leía tensión e incertidumbre. «Están jugando con la vida y la salud de las personas», explicaba a las puertas de su clínica.
Hace un mes estaba ilusionada con un tratamiento dental para ella y su hijo, que sufre una discapacidad. «Pedí dos créditos para pagarlos y sin llegar a hacernos nada han cerrado», añadía. Ahora, cargando con las deudas, sigue con preocupación los consejos de su abogado, después de que la empresa haya dejado de prestar servicio en varios locales, entre ellos el suyo, situado en Valencia.
Según explican los empleados, detrás de esta situación están los impagos de la empresa, cuya central está en Granada. Tres de los centros de la provincia ya no tienen luz al no abonarse las facturas, y los proveedores hace tiempo que no envían las prótesis porque tampoco cobran.
«Ellos (los propietarios de la cadena) están en paradero desconocido», tal y como denunció una de las empleadas mientras permanecía durante su jornada laboral en el local, sin luz ni servicios. «El abogado nos ha recomendado que acudamos al trabajo para no perder los derechos por desempleo, porque nadie nos ha despedido», añadió.
Carmen, por su parte, debe hacer frente a los pagos y no tiene sus tratamientos. «Estoy ahogada, pero lo primordial es la salud de mi hijo y la mía», espeta. «¿Qué puedo hacer, dejar que pierda dientes o que una infección le afecte a otros órganos?», se preguntaba ayer.




