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La maldición de Ferrero se suma al sobresalto de Ferrer

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La maldición de Ferrero se suma al sobresalto de Ferrer

El de Ontinyent, que no supera la segunda ronda desde 2004, cae ante Cuevas y el de Xàbia gana pero se resiente de una lesión

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Juan Carlos Ferrero sintió ayer como si el Ágora entero hubiera caído sobre su cabeza. El valenciano, casero de este Open 500, dejó escapar un partido que dominaba por 6-2 y 5-2. Apuntaba a victoria rutinaria, pero se enredó y acabó siendo derrotado por el uruguayo Pablo Cuevas. La alegría del día, el triunfo de David Ferrer ante Nico Almagro, también se truncó. El rostro del alicantino, apagado, preocupado, anunciaba malas noticias. Una resonancia posterior confirmaba el temor: los pinchazos que sintió en el isquiotibial de la pierna izquierda le obligan a renunciar al cuadro de dobles y hoy habrá que ver si puede seguir su camino en los individuales.
Ferrer no es un superdotado técnicamente. El de Xàbia ha hecho carrera gracias a su espíritu y, sobre todo, a su físico, éste sí portentoso. El que fuera número 4 del mundo vive de sus piernas, dos extremidades extraordinarias. Porque algunos de los grandes valores de Ferrer son la velocidad, la aceleración y su tiempo de reacción. Es pura explosividad. Pero esa virtud no se mantiene por los siglos de los siglos. Con el paso de los años, los músculos tensores se resienten.
Las piernas de Ferrer empiezan a pedir ayuda y Javier Piles, su entrenador, lo sabe perfectamente. «Necesitamos que haga un trabajo específico para alargar al máximo su vida deportiva; debe mejorar su elasticidad», explica. Porque su pupilo lleva arrastrando estas molestias desde Wimbledon.
Valencia no es el mejor sitio para reaccionar. El factor cancha es engañoso. Porque sí, tiene el respaldo del público, de su gente, pero un torneo en el que también es copropietario arrastra también una serie de obligaciones que acaban mareando tanto a él como a Ferrero. «No está acostumbrado a tener que estar presente en tantos actos promocionales, a tener que ponerse el traje y la corbata la semana previa y la semana misma del torneo. Ha llegado al debut un tanto consumido», razona su entrenador de toda la vida.
Su punto de partida en el Valencia Open 500, además, coincidía con el final de la pasada edición del torneo. Ferrer y Nico Almagro se reencontraban en Valencia. Hace un año y medio se disputaron el título sobre la tierra batida del CT Valencia y ayer llegó la revancha sobre la pista rápida del Ágora. El de Xàbia logró mantener su racha inmaculada ante el murciano. Cinco enfrentamientos, cinco victorias de Ferrer.
El triunfo estuvo cargado de intriga. Ferrer, que había ganado el primer set por 7-5, se complicó la vida en la segunda manga, en la que regaló dos bolas de partido con 5-3. Almagro, un rival temible si recibe una mínima ayuda, se enganchó en el desempate de ese segundo set (3-7) y obligó a su contrincante a dar el máximo en el desenlace (6-2). Aunque Ferrer fue demasiado intermitente. Él mismo lo expresaba en la pista a gritos. Pero supo resolver esta primera ronda y ahora piensa más en el reposo y en el fisioterapeuta que en Albert Montañés, su rival de mañana. Muy pocos dudan de la presencia del valenciano en los octavos de final. Su fama de tipo duro y peleón le precede.
La derrota de Ferrero
Quien no pudo rehacerse fue su socio. Juan Carlos Ferrero marcaba los tiempos en su duelo con Pablo Cuevas, un tenista más célebre como doblista (campeón de Roland Garros en 2008 junto al peruano Luis Horna) que como solista. El valenciano está peleado con su torneo. Después de que alzara el trofeo en la primera edición, algo que despertó absurdas suspicacias, llegó a las semifinales en la segunda. Pero, a partir de ahí, jugar en Valencia se ha convertido en un suplicio. Ferrero no consigue alcanzar las últimas eliminatorias desde 2004. Desde 2005, cuando cedió ante Rafa Nadal, su techo ha sido la segunda ronda de 2007. Cuatro despedidas en el estreno son una pesada carga. Ayer, además, Ferrero claudicó pese a que la grada se volcó en su apoyo. Los gritos de «¡Ferrero, Ferrero!» fueron tan emocionantes como insuficientes.
El tercer valenciano del día, Dani Gimeno, se dio el gustazo de cerrar su mejor temporada con una derrota ante uno de los mejores jugadores del mundo, Andy Murray. El de Nules pagó el susto de jugar en el Ágora ante el que llegó a ser número 2, pero después de encajar un 4-0, vivió su momento de gloria. El pupilo de Borja Uribe encadenó tres juegos seguidos. El escocés no estaba para bromas y reinstauró el orden.
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