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20.09.09 -

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Hace unos años un compañero me comentó que tenía la fórmula mágica para conseguir un verdadero pacto por la educación. Me dijo que sólo se conseguirá cuando los redactores no sólo representen la pluralidad real de la sociedad española sino que estén encerrados y sin comer hasta que nos lo entreguen.
Aunque la respuesta tenía sus dosis de cinismo y crueldad, si los redactores del Libro Blanco que sentó las bases de la Logse se hubieran reunido con los responsables de educación de otras tradiciones sociales, pedagógicas o políticas, y no les hubieran dado de comer a todos hasta que hubieran ofrecido un proyecto consensuado, entonces nos estaríamos saliendo de los informes PISA y lideraríamos la Champions de la Educación.
Nuestra educación hay ido por otros derroteros y los herederos del constructivismo de las cajas rojas (Logse) no están dispuestos a dejarse aconsejar o corregir, y menos aún por unos liberales o conservadores dispuestos a meter el dedo en el ojo y exigir cuentas. Y para muestra la supresión 'manu militari' por el primer gobierno de Zapatero en abril de 2004 de la Ley Orgánica de Calidad de Educación que el PP consensuó con otros grupos políticos en el año 2002. ¿Qué autoridad tienen para pedir un pacto quienes han despreciado otras tradiciones pedagógicas que no sean las suyas propias?
Aunque no se han encerrado aún, los responsables educativos han empezado a plantear su necesidad. Desde el 27 de mayo, fecha en la que el ministro Gabilondo compareció en el Senado para informar sobre su política educativa, el pacto marca la agenda educativa de nuestro país. Como las cosas de palacio van despacio, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha dejado el pacto a un lado y ha subrayado la necesidad de cambiar la ley para considerar al profesor como autoridad pública.
Esta medida, que se encontraba en el decreto de convivencia escolar de la Generalidad Valenciana, señala una prioridad importante para un pacto educativo serio: el profesorado. Toda reforma que no tenga a los profesores como principio y fundamento está condenada al fracaso. Pero ojo, en el profesor como profesional con vocación e ilusión para transmitir conocimientos, compartir la vida con sus alumnos y resistir la televisiva invasión de la barbarie, la zafiedad y el mal gusto. Partiendo de aquí habría cinco condiciones para un pacto educativo serio:
1. Cumplir las leyes en un único sistema educativo. Una condición absolutamente revolucionaria porque aún está por ver que se apliquen las normas que motivaron la creación del bachillerato como etapa de maduración. En ninguna ley se dice que una disciplina para la maduración como la Filosofía se estudie por autores y en todas las autonomías se ha suprimido la Historia de la filosofía. Mientras haya 17 sistemas educativos que separen la universidad y la enseñanza profesional de la enseñanza media, todo pacto será puro maquillaje.
2. Tener visión de Estado, y no para que se incremente la inversión sino para que se pueda estudiar en la misma lengua, con un mínimo programa y con unas condiciones estructurales comunes. Mientras se defienda la movilidad de los alumnos y se impida u obstaculice la movilidad de profesores destrozando los cuerpos nacionales de todos los niveles, el pacto será papel mojado.
3. Profesionalizar la gestión, administración y dirección de centros para que los profesores no tengamos que dedicarnos a rellenar impresos y hacer papeles. De esta forma podremos dedicarnos a la revolucionaria tarea de preparar, dar y evaluar clases.
4. Confiar en la iniciativa social y la libertad de educación. Los poderes públicos no son los titulares del derecho a la educación, garantizan su ejercicio en lo referente a escolarización pero no pueden impedir, dificultar la libertad de los padres. Es hora de pensar las instituciones educativas en términos familiares, empresariales y cooperativos.
5. Incentivar la excelencia desde el acceso a los oficios de maestro y profesor. Los alumnos con mejores expedientes y con mayor vocación se quedan fuera de la profesión. La infantilización pedagógica de algunos másteres para la capacitación del profesorado y la sindicalización en el acceso, promoción y organización docente están en la raíz de la desmotivación y el desencanto.
Aunque podemos plantear alguna más, son suficientes para ver las dificultades de un pacto serio. Como recordó algún portavoz al ministro Gabilondo en su comparecencia, al abrir la caja de Pandora del pacto no puede permitir que se le escapen las esperanzas que genera. De lo contrario, habrá incumplido su primer mandamiento: «Tomarás el pacto educativo en serio».
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