Su lucha dura ya seis años. Una pelea contra un enemigo invisible, el amianto, y contra un «coloso», como se refieren los afectados a Unión Naval de Valencia. Más de un lustro de revisiones médicas, de petición de informes periciales, de graves problemas de salud, de familias rotas por la tragedia, de asistir a funerales de compañeros... «El amianto te va apagando poco a poco».
Así lo explica Rafael Cremades, quien a sus 58 años puede presumir de ser uno de los principales responsables de que esa lucha contra Unión Naval haya llegado finalmente a buen puerto. Él preside la Asociación en Defensa de las Víctimas del Amianto. Su tesón, junto con el apoyo recibido de sindicatos como UGT, ha obtenido ahora una recompensa.
Es un «dinero maldito», como el propio Cremades reconoce, pero la familia de cada fallecido recibirá finalmente 250.00 euros y los afectados, entre 110.000 y 150.0000. «Es una satisfacción, aunque no una alegría. Uno nunca puede estar contento por todo lo ocurrido», confesó Rafael.
Los afectados y la propia empresa ratificaron ayer en el juzgado de lo penal número 12 de Valencia el acuerdo que alcanzaron el pasado mes de julio para el pago de dichas cantidades. La empresa reconoce así que falló la prevención del peligro que representaba el amianto que los trabajadores respiraban en los astilleros. Y los afectados se muestran satisfechos por el logro.
«Pero no es para celebrarlo». Cremades insiste en ello. La asbestosis, una enfermedad pulmonar, campa a sus anchas en su organismo desde 2003. Rafael estaba entonces prejubilado y había abandonado su trabajo en los astilleros de Valencia. Pero el amianto ya había hecho suficiente mella en su interior.
«Me lo detectaron en una revisión». Su vida ya no fue la misma. «La asbestosis merma día a día mi capacidad pulmonar». La muerte de un trabajador aún en activo. Inhaladores, dilatadores bronquiales y ausencia casi total de ejercicio se convierten en aspectos habituales para los afectados por la silenciosa acción del dañino mineral.
Pero la pelea de las víctimas aún no ha terminado. Su esfuerzo se centra ahora en que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) catalogue como enfermedad laboral el mal causado por el amianto. «Nuestro objetivo ahora es que se reconozca como incapacidad», explicó Cremades.
La importancia del acuerdo entre la entidad y los afectados radica, no sólo en el hecho de que las indemnizaciones sean las más altas de esta materia conseguidas en toda Europa, sino también en que Unión Naval de Valencia viene a reconocer su responsabilidad penal en el calvario vivido por sus trabajadores y familias.