No estoy en contra de la cadena perpetua, tampoco sé si estoy a favor, pero me huele que tomar decisiones en caliente y con el último suspiro todavía presente de una adolescente asesinada con saña cerril no conduce a nada positivo. Me molesta que los debates, en nuestra tierra, se abran cuando la sangre sí llegó al río, cuando la situación se torna insoportable, cuando nos metemos en el callejón sin salida de la desesperación y la rabia y la furia de una masa que si pudiese lincharía al reo para retornar a la ley de Lynch y su horca fácil. Me gustaría, y supongo que es mucho pedir, exigir cierta madurez colectiva para abordar los problemas antes de que estos estallen ante nuestras narices porque entonces los líderes políticos crearán leyes apresuradas, chapuceras, destinadas a contentar a corto plazo el clamor del pueblo, es decir, sin ningún sentido de la perspectiva histórica. No, no sé si estoy a favor o en contra de la cadena perpetua, pero en cambio observo que en países tan civilizados y vecinos nuestros como Francia, Italia o Gran Bretaña, la condena a perpetuidad sí existe, y eso no los convierte en monstruos de la prehistoria. Se diría que en España debemos ser más modernos y enrollados y chanchis que en otros lugares. Quizá por eso nuestros energúmenos son de una pasta especialmente zafia. "Spain is different", pero quizá algún día, a lo mejor con el cambio climático, alcanzaremos cierto sosiego.







